El caballo, símbolo de movilidad y poder en la Antigüedad, podría haber entrado en la vida de las comunidades mediterráneas antes de lo documentado hasta ahora. Investigadores de la Universidad del Sur de Florida hallaron en fragmentos de cerámica de Sicilia las huellas más antiguas de consumo de carne equina en la isla, datadas en el tercer milenio a. C. El hallazgo cambia las ideas sobre la domesticación y uso de caballos en el Mediterráneo central.
Un descubrimiento que reescribe la historia
El equipo liderado por el arqueólogo Davide Tanasi, junto a Robert Tykot y Enrico Greco, analizó restos cerámicos procedentes del monte Polizzello, un asentamiento clave de la Edad del Bronce. Allí identificaron albúmina sérica equina —una proteína propia de los caballos— en varias vasijas, incluida una gran palangana de pedestal probablemente usada en banquetes o rituales comunitarios.
El estudio, publicado en PLoS ONE, demuestra que la carne de caballo no solo estaba presente, sino que formaba parte de guisos compartidos en ceremonias colectivas. Hasta ahora, se pensaba que los équidos no llegaron a Sicilia hasta el primer milenio a. C., mil años más tarde de lo que indica este hallazgo.

La ciencia detrás de las vasijas
La clave del avance radica en nuevas técnicas de análisis proteómico y lipidómico, que permitieron identificar proteínas y grasas animales en la cerámica. Estos métodos, inexistentes cuando Tanasi excavó el sitio en 2005, confirmaron que los habitantes del lugar cocinaban y consumían productos derivados del caballo. El hallazgo se vio reforzado por el contexto cultural: junto a la cerámica apareció un gran falo de terracota, lo que apunta a rituales vinculados a la fertilidad en los que la carne equina pudo tener un rol simbólico.
Repercusiones culturales y económicas
La presencia temprana del caballo en Sicilia obliga a revisar el relato histórico sobre su domesticación en Europa. Para Tanasi, el hallazgo demuestra que las comunidades isleñas accedieron a este animal transformador mucho antes de lo pensado. El caballo no solo alteró la movilidad y la guerra, también tuvo impacto en la agricultura, la economía y las creencias religiosas de múltiples civilizaciones antiguas.

El hallazgo sugiere además que los caballos fueron incorporados tanto en la dieta como en los rituales, aportando nuevas pistas sobre la compleja relación entre humanos y équidos en el Mediterráneo. Aunque no se conocen todos los detalles, los investigadores sostienen que estos banquetes comunitarios pudieron incluir oraciones, cantos y danzas, reforzando la dimensión simbólica del animal.
Una pieza clave en la historia del Mediterráneo
El descubrimiento en Polizzello no es un dato aislado, sino un punto de inflexión. Obliga a reconsiderar cómo se difundieron los caballos en el Mediterráneo y qué papel jugaron en la vida social y económica de sus habitantes. Para los investigadores, es “la pieza que faltaba” en el rompecabezas de la domesticación equina en la isla, con implicaciones que alcanzan a toda la cuenca mediterránea.
Fuente: Infobae.