Durante años, el oso polar ha sido uno de los símbolos más claros del impacto del cambio climático. La pérdida acelerada del hielo marino amenaza su forma de vida, pero ahora la ciencia apunta a que algunos individuos podrían estar respondiendo de una manera más profunda de lo que se pensaba: modificando su propio ADN.
Una especie en riesgo bajo presión climática

El derretimiento del hielo en el Ártico ha reducido drásticamente las plataformas desde las que los osos polares cazan focas, su principal fuente de alimento. Con una población estimada entre 22.000 y 31.000 ejemplares, la especie está catalogada como vulnerable, y varios modelos advierten que hasta dos tercios de los osos polares podrían desaparecer antes de 2050 si la tendencia actual continúa.
Este escenario ha llevado a los científicos a preguntarse si, además de migrar o cambiar de comportamiento, los osos polares podrían estar adaptándose a nivel genético.
Cambios en el ADN detectados en Groenlandia

Un estudio publicado en la revista Mobile DNA analizó el genoma de osos polares que habitan distintas regiones de Groenlandia. Los investigadores compararon ejemplares del norte, donde el clima sigue siendo más frío y estable, con osos del sureste, una zona que se ha calentado con mayor rapidez y presenta temperaturas más variables.
La diferencia fue clara: los osos del sureste mostraban una actividad inusual en los transposones, fragmentos de ADN conocidos como “genes saltarines” que pueden desplazarse dentro del genoma y alterar su secuencia. Estos elementos representan cerca del 38 % del ADN del oso polar.
El análisis reveló que más de 1.500 transposones se habían activado de forma acelerada en los osos del sureste de Groenlandia. Según los autores, el estrés ambiental provocado por el aumento de las temperaturas puede acelerar estos procesos, generando cambios genéticos más rápidos de lo habitual.
Este tipo de modificaciones no siempre es beneficioso, pero en algunos casos puede facilitar la adaptación a entornos nuevos o más hostiles. En palabras de los investigadores, los transposones funcionan como piezas móviles de un rompecabezas genético que, al reorganizarse, pueden abrir nuevas posibilidades evolutivas.
¿Un futuro con dietas diferentes?
Además de los cambios genéticos, el estudio sugiere que estos osos polares podrían estar ajustando progresivamente su alimentación. Ante la escasez de focas, algunos individuos del sureste parecen recurrir a fuentes de alimento más vegetales y menos energéticas, algo impensable hace solo unas décadas para un depredador tan especializado.
Aunque esta adaptación no compensa por completo la pérdida del hielo marino, sí indica una mayor plasticidad biológica de la esperada.
Los propios autores subrayan que estos cambios no significan que el oso polar esté a salvo. La velocidad del calentamiento global sigue siendo un desafío enorme, y la evolución genética necesita tiempo. Sin embargo, comprender cómo algunas poblaciones están respondiendo al estrés climático permite identificar cuáles podrían resistir mejor y cuáles se encuentran en mayor peligro.
En un Ártico que se transforma más rápido que nunca, este hallazgo no elimina la urgencia de frenar el cambio climático, pero sí revela que, incluso en condiciones extremas, la vida aún busca caminos para adaptarse.