Hay enfermedades que dejan poco margen de reacción. El cáncer de páncreas es una de ellas: cuando aparecen los síntomas o el tumor logra ser identificado, en muchos casos ya se ha extendido a otras partes del organismo. Por eso, una parte de la investigación oncológica está intentando cambiar una regla que durante décadas pareció difícil de modificar: detectar el problema cuando todavía puede ser detenido.
El desafío no consiste solamente en encontrar tumores más pequeños. Los investigadores quieren identificar alteraciones que aparecen antes de que las células se conviertan en malignas y, a partir de allí, intervenir con medicamentos, vacunas o nuevas estrategias capaces de frenar el proceso.
La posibilidad de transformar ese escenario fue uno de los principales temas analizados en septiembre durante una conferencia de la Asociación Estadounidense para la Investigación del Cáncer, celebrada en San Diego, Estados Unidos. Allí, distintos especialistas presentaron investigaciones que apuntan hacia una misma dirección: adelantarse al cáncer.
En 2024, esta enfermedad provocó más de 530.000 diagnósticos y alrededor de 490.000 muertes en todo el mundo, según datos de la Organización Mundial de la Salud. Aunque no se encuentra entre los tumores más frecuentes, sí figura entre los que presentan mayor mortalidad.
Y precisamente ahí aparece uno de los datos que podría cambiar las expectativas.

La clave podría estar en encontrarlo antes
Diane Simeone, directora del Centro Oncológico Moores de la Universidad de California en San Diego, considera que combinar la detección temprana con intervenciones inmediatas podría modificar de manera significativa la supervivencia.
Durante la reunión científica, la investigadora planteó que este enfoque podría elevar la proporción de pacientes que sobreviven al menos cinco años después del diagnóstico desde el actual 13,7% hasta cerca del 50%. Es decir, más que triplicar esa cifra.
El problema es conseguir que el cáncer sea descubierto en ese momento.
Para intentarlo, Simeone y su equipo impulsan PRECEDE, un estudio clínico internacional que pretende reunir a unas 20.000 personas con antecedentes familiares, alteraciones pancreáticas o características genéticas que aumentan el riesgo de desarrollar la enfermedad.
Hasta ahora, el programa ya incorporó a más de 12.000 participantes y permitió identificar más de 50 casos, muchos de ellos en etapas iniciales.
PRECEDE también estudia análisis de sangre experimentales y sistemas de inteligencia artificial capaces de encontrar pequeñas anomalías en estudios médicos antes de que puedan distinguirse fácilmente. La idea es comprobar si realizar controles frecuentes en personas de alto riesgo puede traducirse finalmente en una mayor supervivencia.
Pero detectar el cáncer antes no sería suficiente. El siguiente paso sería encontrar una manera de detenerlo.
El objetivo que aparece antes del tumor
Una de las líneas de investigación apunta a KRAS, un gen que, cuando presenta determinadas mutaciones, puede producir proteínas capaces de impulsar el crecimiento de células cancerosas.
Ben Stanger, investigador de la Universidad de Pensilvania, estudió este proceso en ratones que desarrollaron pequeñas lesiones pancreáticas precancerosas. Su equipo administró un medicamento capaz de bloquear KRAS y otras proteínas relacionadas con la proliferación tumoral.
Los resultados fueron alentadores: los animales tratados tuvieron una mejor supervivencia. Sin embargo, trasladar este mecanismo a seres humanos todavía requiere años de investigación.
Además, existe una dificultad importante. Si una persona todavía no presenta síntomas y únicamente tiene un riesgo elevado de desarrollar cáncer, ¿aceptaría recibir un medicamento potente que puede provocar efectos secundarios?
Anirban Maitra, del Centro Oncológico Perlmutter de New York University Langone Health, trabaja precisamente sobre esa cuestión y prepara un ensayo con un inhibidor de estas proteínas para pacientes identificados de manera temprana.
Mientras tanto, otra estrategia intenta que el propio sistema inmunitario reconozca el peligro antes de que sea demasiado tarde.
Vacunas y células que podrían frenar el proceso
Las vacunas contra el cáncer también forman parte de esta nueva generación de investigaciones. En un ensayo clínico, una vacuna consiguió provocar una respuesta inmunitaria contra proteínas KRAS mutadas en el 90% de los participantes.
El objetivo de este tipo de tratamiento es entrenar las defensas del organismo para reconocer y eliminar células anormales. Todavía no está demostrado que pueda prevenir el cáncer de páncreas, pero los investigadores estudian si pudiese utilizarse en personas con un riesgo elevado, incluso después de que se hayan eliminado lesiones consideradas precancerosas.
Otra línea de trabajo se concentra en las llamadas células acinares, que forman parte del páncreas y producen enzimas necesarias para la digestión.
Sahar Nissim, investigador del Instituto Oncológico Dana-Farber, descubrió que determinadas mutaciones en KRAS pueden hacer que estas células pierdan sus características normales y queden predispuestas a transformarse en cancerosas.
Su equipo está desarrollando medicamentos destinados a conservar la identidad de las células acinares y comprobar si así es posible impedir la aparición de tumores en modelos animales.
La comparación resulta llamativa: en enfermedades cardiovasculares, muchas veces se administran medicamentos a personas con un riesgo elevado antes de que sufran un infarto. Los investigadores se preguntan si el cáncer podría abordarse algún día de una manera similar.
Sin embargo, todavía quedan obstáculos. El daraxonrasib, aprobado en Estados Unidos para determinados casos avanzados, puede provocar reacciones adversas importantes, incluidas erupciones cutáneas graves. Por eso, antes de utilizar estrategias de este tipo en personas que aún no tienen cáncer, será necesario demostrar que los beneficios superan los riesgos.
El gran cambio, entonces, podría no llegar de un único medicamento. Podría surgir de la combinación de vigilancia, inteligencia artificial, análisis de sangre, tratamientos dirigidos y vacunas. Todo con un mismo objetivo: encontrar al cáncer de páncreas cuando todavía no haya tenido tiempo de convertirse en una enfermedad difícil de detener.
[Fuente: Infobae]