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Ciencia

Los antibióticos más importantes están perdiendo eficacia en pacientes pediátricos: el estudio internacional que revela un cambio preocupante

Un análisis internacional de más de 106.000 muestras pediátricas revela una tendencia que inquieta a médicos e investigadores. El fenómeno afecta a antibióticos clave para combatir infecciones graves y las proyecciones indican que el escenario podría volverse todavía más complejo en la próxima década.
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La resistencia a los antibióticos se ha convertido en una de las mayores amenazas para la salud mundial, pero un nuevo estudio revela que el problema podría estar avanzando con especial rapidez entre los más jóvenes. Los datos abarcan casi dos décadas de investigación y muestran una tendencia que preocupa a los especialistas, quienes advierten que, si no se toman medidas, las opciones para tratar infecciones graves podrían reducirse aún más en los próximos años.

Un análisis mundial revela un crecimiento sostenido del problema

Una investigación publicada en JAMA Pediatrics detectó un incremento constante de la resistencia a los antibióticos entre niños y adolescentes de todo el mundo. El estudio examinó 106.581 muestras correspondientes a pacientes de entre 0 y 18 años, recopiladas en 82 países entre 2004 y 2022, y encontró que el fenómeno afecta a todas las regiones analizadas.

Además de describir la evolución durante casi veinte años, los investigadores elaboraron proyecciones hasta 2035. Los resultados anticipan que la resistencia continuará aumentando, especialmente frente a medicamentos considerados esenciales para tratar infecciones provocadas por bacterias multirresistentes.

El trabajo fue desarrollado por especialistas del Instituto de Investigación Pediátrica Murdoch (MCRI) y de la Universidad de Sídney. Para clasificar los antibióticos utilizaron el sistema de la Organización Mundial de la Salud, que los divide en tres categorías: acceso, vigilancia y reserva, según su importancia clínica y el tipo de infecciones para las que están destinados.

Aunque los antibióticos de acceso siguen concentrando los niveles absolutos más elevados de resistencia, el incremento más acelerado se observa en los grupos de vigilancia y reserva. Esta situación preocupa especialmente porque estos medicamentos suelen utilizarse cuando otras alternativas ya no resultan efectivas.

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©Polina Tankilevitch – Pexels

Las infecciones más graves muestran el mayor deterioro

Los datos indican que el avance de la resistencia es especialmente evidente en pacientes pediátricos que requieren cuidados intensivos. En estas unidades, la resistencia a los antibióticos del grupo de vigilancia pasó del 15% al 33% durante el período estudiado.

Entre los menores de dos años internados en terapia intensiva, el aumento fue todavía más pronunciado, al crecer del 12% al 32%. Los especialistas consideran que este grupo representa uno de los más vulnerables frente a infecciones potencialmente mortales.

La investigación también detectó incrementos importantes en enfermedades como la sepsis, donde la resistencia pasó del 15% al 30%, y en las infecciones respiratorias, cuyos valores crecieron del 12% al 29%.

Para la pediatra especializada en cuidados intensivos Fernanda César, uno de los aspectos más alarmantes es la rapidez con la que las bacterias están desarrollando resistencia frente a los antibióticos de reserva. Según explicó, este fenómeno se observa con mayor intensidad en bebés y niños muy pequeños afectados por cuadros graves.

Las bacterias que generan mayor preocupación

Entre los microorganismos analizados, Acinetobacter baumannii apareció como uno de los mayores desafíos debido a sus elevados niveles de resistencia frente a distintas familias de antibióticos. Las proyecciones del estudio estiman que hacia 2035 cerca del 82% de sus cepas podrían resistir el tratamiento con carbapenémicos, considerados entre los medicamentos más importantes para infecciones complejas.

Otra bacteria que preocupa a los investigadores es Klebsiella spp., responsable de enfermedades como infecciones urinarias, neumonías y sepsis. Los modelos utilizados en el estudio indican que su resistencia a los carbapenémicos podría situarse alrededor del 35% en los próximos años.

El informe también registró un crecimiento sostenido en la resistencia a las cefalosporinas de tercera y cuarta generación, fármacos ampliamente utilizados para tratar infecciones graves en pacientes pediátricos. La resistencia frente a estos antibióticos aumentó del 16% en 2004 al 31% en 2022 y las proyecciones apuntan a que podría alcanzar el 36% para 2035.

Los especialistas destacan que, mientras Acinetobacter baumannii ya presenta algunos de los niveles más altos de resistencia observados en el estudio, Klebsiella spp. figura entre las bacterias que evolucionan con mayor rapidez frente a medicamentos fundamentales.

Qué está impulsando esta tendencia y cómo puede frenarse

Los investigadores consideran que el crecimiento de la resistencia responde a múltiples factores. En los países con menores recursos, el uso inadecuado de antibióticos, las deficiencias en saneamiento y el acceso limitado a diagnósticos precisos favorecen la propagación del problema.
En las naciones con mayores ingresos, los expertos señalan que también es necesario reducir el uso excesivo de estos medicamentos tanto en hospitales y atención primaria como en la agricultura y la medicina veterinaria, ya que estas prácticas contribuyen a acelerar la aparición de bacterias resistentes.

Los especialistas coinciden en que desarrollar nuevos antibióticos no será suficiente si no se modifica la forma en que se utilizan los existentes. Cada nuevo medicamento puede perder eficacia con el tiempo cuando se emplea de manera indiscriminada.

Por ello, el estudio destaca la importancia de combinar diversas estrategias para contener esta amenaza. La vacunación, el diagnóstico temprano, el uso racional de antibióticos, el fortalecimiento de la vigilancia epidemiológica y una mejor disponibilidad de tratamientos de primera línea aparecen como herramientas clave para evitar que la resistencia siga creciendo y limite las posibilidades de tratar infecciones graves en las próximas décadas.

 

[Fuente: Infobae]

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