El Homo antecessor es uno de los parientes humanos más antiguos conocidos en Europa. Durante años, sus restos fósiles han mostrado inquietantes evidencias de canibalismo, especialmente en individuos infantiles. Pero un hallazgo reciente indica que esta práctica pudo haber sido mucho más extendida entre estas poblaciones prehistóricas de lo que se creía.
Arqueólogos del Instituto Catalán de Paleoecología Humana y Evolución Social (IPHES) anunciaron el descubrimiento de 24 nuevos fósiles del Homo antecessor en el yacimiento de Gran Dolina, en España. Según explicó el instituto en un comunicado, entre los restos identificaron seis individuos adultos cuyos huesos presentan marcas de corte asociadas con prácticas de canibalismo. Esto sugiere que no solo los más jóvenes eran víctimas de este comportamiento, como apuntaban los descubrimientos anteriores.

«La relación entre las herramientas de piedra, los restos de fauna y los huesos del Homo antecessor nos permite reconstruir con un nivel de detalle extraordinario un área de ocupación de hace 850.000 años», señaló Andreu Ollé, codirector del proyecto.
Los antecedentes del canibalismo
En 2010, un grupo de arqueólogos, entre ellos la codirectora del proyecto Palmira Saladié, propuso que el Homo antecessor practicaba el canibalismo con individuos jóvenes. También en Gran Dolina, el equipo encontró huesos pertenecientes a niños con marcas de descarnado muy similares a las observadas en los restos de animales hallados en el mismo sitio.
Según una explicación del Museo Australiano, sigue siendo objeto de debate si estas evidencias constituyen una prueba definitiva de canibalismo. Sin embargo, los arqueólogos tampoco han encontrado indicios que respalden otras hipótesis, como la existencia de rituales funerarios en el Homo antecessor. En 2012, Saladié y sus colegas publicaron un estudio en el que planteaban que estos antiguos humanos podían haber recurrido al canibalismo infantil por motivos similares a los observados en algunos chimpancés, que en ocasiones matan a las crías para proteger su territorio.
El año pasado, el mismo equipo encontró marcas de cortes extremadamente precisos y huellas de mordeduras humanas en los huesos de un niño del Homo antecessor de entre 2 y 5 años de edad. En declaraciones a Live Science, Saladié afirmó que se trataba de la «evidencia más sólida de que los cuerpos hallados en el yacimiento fueron efectivamente consumidos».
Los nuevos descubrimientos, sin embargo, muestran que las víctimas del canibalismo no eran necesariamente los individuos más jóvenes o vulnerables. En el comunicado, Saladié describió el hallazgo como un «punto de inflexión» para las investigaciones en Gran Dolina, ya que hasta ahora la interpretación del sitio había estado condicionada por la gran cantidad de esqueletos infantiles y juveniles recuperados.

Además de los huesos de adultos, los investigadores encontraron una gran cantidad de herramientas de piedra y restos de animales, incluidos hienas, castores, caballos, rinocerontes y otras especies. Según el IPHES, el Homo antecessor sigue siendo una de las especies más desconocidas entre los antiguos parientes humanos que habitaron Europa, por lo que estas excavaciones aportan información fundamental para reconstruir tanto su anatomía como su forma de vida.
«Por primera vez podemos acercarnos a su estructura demográfica con un nivel de representatividad que hasta ahora no teníamos», explicó Ollé. «Cada nueva campaña nos acerca un poco más a comprender cómo vivían estos grupos humanos, cómo aprovechaban los recursos y cómo se organizaban socialmente.»