Mientras los arrecifes tropicales se blanquean por el calor, una especie discreta del Mediterráneo parece haber encontrado el secreto de la resistencia. Investigadores del Centro de Regulación Genómica (CRG) de Barcelona identificaron el mecanismo que permite al coral Oculina patagonica sobrevivir en aguas que superan los 30 °C. El hallazgo, publicado en la revista Nature, podría redefinir lo que sabemos sobre la capacidad de adaptación de los ecosistemas marinos al calentamiento global.
Un sobreviviente milenario en el Mediterráneo
Durante millones de años, Oculina patagonica pasó casi desapercibida, presente en pequeñas poblaciones del Mediterráneo oriental. Cuando las temperaturas comenzaron a aumentar, este coral endurecido se expandió silenciosamente, colonizando costas de aguas someras y variables.
“La Oculina sobrevivió donde otras especies colapsaron”, explicó Shani Levy, primera autora del estudio. “Se pensaba que moriría en los veranos mediterráneos, pero sus colonias crecen cada año”.
Los análisis genómicos confirmaron que no es una especie invasora proveniente del Atlántico, como se creía, sino un antiguo residente mediterráneo que supo aprovechar los cambios ambientales para prosperar.

El secreto está en su dieta: una “estrategia dual”
La clave de su éxito radica en una habilidad excepcional: la alimentación dual. Oculina patagonica obtiene nutrientes de dos formas —a través de algas simbióticas que viven en sus tejidos y mediante la captura directa de partículas orgánicas del agua—.
Esta flexibilidad metabólica le permite sobrevivir tanto en condiciones de abundante luz como en entornos turbios o profundos.
Cuando la temperatura del mar supera los 29 °C, el coral expulsa sus algas simbióticas y se blanquea, un proceso letal para otras especies. Sin embargo, la Oculina puede mantenerse activa sin ellas, alimentándose de manera independiente hasta que las aguas se enfrían y las vuelve a incorporar.
“El secreto está en no depender totalmente de la fotosíntesis”, explicó Xavier Grau Bové, coautor del CRG. “Puede vivir con o sin su socio algal, lo que le da una ventaja enorme en un Mediterráneo alterado por el ser humano”.
Genética, evolución y adaptación extrema
Para entender cómo logra esta resistencia, los investigadores secuenciaron el genoma de la especie y compararon miles de células con las de corales tropicales que dependen completamente de las algas.
Descubrieron que la Oculina activa rutas genéticas distintas cuando pierde a sus simbiontes, manteniendo su metabolismo y reduciendo el daño oxidativo causado por el calor.
“El coral es resistente porque su fisiología no colapsa sin fotosíntesis. Es un ejemplo de adaptación evolutiva en acción”, explicó Arnau Sebé Pedrós, autor principal del trabajo e investigador de ICREA.

Lecciones para un océano en calentamiento
El estudio no solo ayuda a comprender cómo algunos corales pueden soportar condiciones extremas, sino que también ofrece una ventana al futuro de los mares.
“El Mediterráneo funciona como un laboratorio natural de cambio climático”, señaló Levy. “Aquí, los organismos ya enfrentan fluctuaciones extremas de temperatura y salinidad. Lo que aprendemos podría aplicarse a los océanos del planeta”.
Aun así, los autores advierten que la Oculina patagonica no reemplazará a los grandes constructores de arrecifes tropicales, que sustentan una cuarta parte de la vida marina.
“La única forma de proteger verdaderamente a los corales es atacar el problema desde su origen: reducir el calentamiento global”, concluyó Grau Bové.
Fuente: Infobae.