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El creador de la Web cree que su invento corre peligro y presenta un acuerdo para salvarlo

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Foto: AP

El New York Times titula: “Yo inventé la World Wide Web. Así es como podemos arreglarla”. Uno podría pensar que es otro artículo vacío del tipo “Creé un monstruo. ¡Este es mi nuevo invento!”. Pero Tim Berners-Lee, el benevolente padre de Internet, ha creado un tratado internacional para reconstruir la Web como la imaginaron sus fundadores, con el respaldo de Facebook y Google, así como de los gobiernos de Francia, Alemania y Ghana. Es extremadamente optimista en tanto que plantea la posibilidad de una coexistencia pacífica con Facebook y Google, pero está bien: establezcamos algunas leyes para que se rompan.

El Contrato para la Web deriva de una propuesta de Berners-Lee en el Web Summit del año pasado, elaborada con el aporte de más de 80 organizaciones y ciudadanos encuestados, y encabezada por representantes de entidades como Facebook, Microsoft y los gobiernos de Francia, Alemania y Londres. Esboza nueve principios para que gobiernos y empresas implementen una reforma de privacidad, transparencia, inclusión y diálogo racional. Desde que se anunció oficialmente ayer con más de 160 firmantes, cientos de nuevas organizaciones la han firmado; en este momento, la World Wide Web Foundation dice que 500 organizaciones la respaldan, incluida Twitter.

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El contrato no es tanto una ley como un acuerdo de principios morales fundamentales para la sociedad: no abusar verbalmente de las personas, no presionar el botón de matar, no espiar a las personas, avisar de que nos están espiando si es así, decirnos en qué grado nos van a espiar y no censurar la libertad de expresión. El único mecanismo de ejecución es eliminarte del contrato si el comité directivo determina que no te has adherido a sus principios. Parece algo así como im Acuerdo de París con promesas que son todavía más difíciles de medir. Aún necesitamos identificar los niveles máximos de abuso que estamos dispuestos a soportar.

El contrato hace un llamamiento a los gobiernos para que establezcan leyes de datos que incluyan cosas como el derecho a la portabilidad de los datos (para que puedas, por ejemplo, mover tus datos de Facebook a otro servicio). También para que publiquen registros de datos que muestren cómo están compartiendo la información de sus ciudadanos, para que no restrinjan el acceso a Internet y para regular una mayor competencia empresarial. (En un mundo perfecto, China tendría que derribar su cortafuegos y Estados Unidos su duopolio, aunque, por supuesto, ninguno de los dos países ha firmado). El contrato también exige el fin de los apagones de Internet, que se han intensificado junto a los movimientos de protesta. India cortó el acceso a Internet más de 100 veces el año pasado, e Irán lo hizo la semana pasada durante las manifestaciones locales Berners-Lee dice que el contrato “ya se está utilizando para informar sobre las decisiones políticas”.

También pide a los gobiernos que prohíban la publicidad política segmentada, aunque el contrato no lo establece explícitamente.

En cuanto a las empresas, las reglas son difusas: tendrían que adoptar “pautas” de neutralidad de la red, “minimizar la recolección de datos a un nivel que sea adecuado, relevante y necesario”, ofrecer controles de privacidad más accesibles y publicar informes de transparencia y evaluaciones de derechos humanos. Pero un pacto para crear “modelos comerciales innovadores que fortalezcan los derechos de datos, respeten la privacidad y minimicen las prácticas de recolección de datos” parece una utopía para firmantes como Facebook y Google, dado que sus modelos comerciales dependen en gran medida de perpetuar muchos de los problemas que esta promesa busca abordar. (La perspectiva más optimista es que esos gigantes tecnológicos están mejor posicionados para hacer algo que tenga impacto). Idealmente, el contrato ayudaría a los reguladores a determinar exactamente qué significan esos niveles de recolección de datos “adecuados, relevantes y necesarios”.

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Luego pide: “Evaluar y abordar los riesgos creados por sus tecnologías, incluidos los riesgos asociados con el contenido en línea (como la desinformación y la información falsa), el comportamiento y el bienestar personal”. Jack Dorsey, el CEO de Twitter, ha estado haciendo tímidas promesas sobre esto, pero no parece tener una respuesta al problema que no implique destruir su plataforma.

La inclusión es otra pieza importante. El contrato pide a las plataformas que ofrezcan contenido en varios idiomas y medios accesibles. Además, tiene en cuenta cómo las mujeres y los grupos marginados se ven afectados por una red dominada por hombres. Por ejemplo, Berners-Lee señala un caso en el que los desarrolladores de aplicaciones no pensaron en que compartir rutas para correr puede exponer a las mujeres a acosadores y acosadores callejeros. Como remedio, insta a las empresas a autoimponerse más requisitos de diversidad en el lugar de trabajo.

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Tú también puedes firmar el contrato y prometer compartir licencias abiertas, no participar en el odio en Internet y no publicar imágenes privadas sin consentimiento.

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