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Ciencia

La NASA no “despertó” ahora una reliquia soviética perdida en la Luna: la redescubrió en 2010 con un láser. El reflector del Lunokhod 1 sigue siendo una de las piezas más útiles para medir nuestro satélite

El rover soviético Lunokhod 1 dejó de comunicarse en 1971 y su posición exacta quedó perdida durante décadas. Imágenes del Lunar Reconnaissance Orbiter permitieron ubicarlo en 2010, y el Observatorio Apache Point logró rebotar pulsos láser en su reflector con una señal sorprendentemente intensa.
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La historia suena casi como ciencia ficción arqueológica: un láser disparado desde la Tierra viaja hasta la Luna, golpea una vieja máquina soviética abandonada desde hace más de medio siglo y regresa con una señal inesperadamente brillante. Pero el detalle importante es este: no ocurrió “ahora”. El episodio clave sucedió en 2010, cuando imágenes de la sonda Lunar Reconnaissance Orbiter de la NASA permitieron localizar por fin al Lunokhod 1, un rover soviético que llevaba perdido para las mediciones láser desde los años setenta.

Lunokhod 1 había llegado a la Luna en noviembre de 1970 a bordo de la misión soviética Luna 17. Fue el primer rover robótico exitoso en operar sobre otro mundo y recorrió el Mare Imbrium, o Mar de las Lluvias, durante unos 11 meses, hasta que la Unión Soviética perdió contacto con él en 1971. La máquina quedó inmóvil, pero no completamente inútil: llevaba un retrorreflector láser construido en Francia, un dispositivo pasivo que no necesita energía para devolver la luz hacia la dirección de la que vino.

El problema no era que el espejo estuviera muerto, sino que nadie sabía dónde apuntar

La NASA no “despertó” ahora una reliquia soviética perdida en la Luna: la redescubrió en 2010 con un láser. El reflector del Lunokhod 1 sigue siendo una de las piezas más útiles para medir nuestro satélite
© LROC.

Durante décadas, el gran obstáculo fue la ubicación. Se sabía que Lunokhod 1 estaba en la Luna, claro, pero no con la precisión necesaria para acertarle desde la Tierra con pulsos láser. En la telemetría láser lunar, unos cientos de metros de incertidumbre pueden ser demasiado: el haz se abre, la señal es débil y la Luna, vista desde un observatorio terrestre, no perdona demasiados errores.

La situación cambió en marzo de 2010. Las imágenes de alta resolución del Lunar Reconnaissance Orbiter permitieron identificar el rover y fijar sus coordenadas con una incertidumbre de alrededor de 100 metros. Con esa información, el equipo de APOLLO (la operación de telemetría láser lunar del Observatorio Apache Point, en Nuevo México) pudo apuntar de nuevo al viejo reflector soviético-francés.

El resultado sorprendió incluso a los investigadores. El reflector de Lunokhod 1 parecía estar en muy buen estado y devolvió una señal aproximadamente cuatro veces más fuerte que la del reflector de Lunokhod 2, su sucesor soviético. El artículo técnico, publicado después en Icarus, describió esa recuperación como “Laser Ranging to the Lost Lunokhod 1 Reflector”.

Un viaje de luz de 2,5 segundos

La NASA no “despertó” ahora una reliquia soviética perdida en la Luna: la redescubrió en 2010 con un láser. El reflector del Lunokhod 1 sigue siendo una de las piezas más útiles para medir nuestro satélite
© Museo de Cosmonáutica de Rusia.

La técnica es elegante por lo simple: un observatorio dispara pulsos láser hacia la Luna, esos pulsos rebotan en retrorreflectores dejados por misiones Apollo y Lunokhod, y una fracción diminuta de la luz vuelve a la Tierra. Midiendo el tiempo de ida y vuelta (unos 2,5 segundos) los científicos calculan la distancia al reflector con una precisión extraordinaria.

APOLLO fue diseñado precisamente para mejorar esa medición. Según la descripción del proyecto, usa el telescopio de 3,5 metros de Apache Point para realizar telemetría láser lunar de alta precisión. Trabajos posteriores sobre su archivo de datos indican que APOLLO ha alcanzado precisión milimétrica durante años de observación, con una incertidumbre nocturna mediana de 1,7 milímetros en su conjunto de datos entre 2006 y 2020.

Ese nivel de precisión no sirve solo para decir “la Luna está a tantos kilómetros”. Sirve para estudiar la órbita lunar, su rotación, sus libraciones, la física gravitatoria y detalles internos del propio satélite. La NASA mantiene Apache Point dentro de su red de geodesia espacial y señala que la estación realiza mediciones rutinarias hacia los tres retrorreflectores Apollo y los dos Lunokhod.

Por qué Lunokhod 1 era especialmente valioso

La NASA no “despertó” ahora una reliquia soviética perdida en la Luna: la redescubrió en 2010 con un láser. El reflector del Lunokhod 1 sigue siendo una de las piezas más útiles para medir nuestro satélite
© James Stuby / NASA.

La recuperación de Lunokhod 1 no fue una curiosidad nostálgica. Su posición en la Luna lo hace científicamente interesante. El reflector está más cerca del borde visible lunar que los otros retrorreflectores, lo que ayuda a mejorar ciertos parámetros de orientación y movimiento del satélite. Además, a diferencia del reflector de Lunokhod 2, el equipo encontró que podía usarse también durante el día lunar, algo relevante porque varios reflectores antiguos pierden eficiencia cuando reciben iluminación solar directa.

Ese detalle conecta con otro problema de largo plazo: la degradación de los reflectores en la superficie lunar. Desde las misiones Apollo y Lunokhod, los científicos han observado que algunos conjuntos devuelven menos luz de la esperada bajo ciertas condiciones, especialmente cerca de la Luna llena. Una explicación estudiada es que el polvo lunar o los efectos térmicos alteren el comportamiento óptico de los prismas.

Por eso la señal brillante de Lunokhod 1 fue tan llamativa. No solo “respondió”: respondió mejor de lo que se esperaba para una pieza abandonada desde 1971 en un entorno de temperaturas extremas, radiación, micrometeoritos y polvo.

Una reliquia de la carrera espacial que sigue haciendo ciencia

La escena tiene un encanto raro porque mezcla dos épocas. Por un lado, la Unión Soviética de 1970, enviando un rover teledirigido a la Luna con un reflector fabricado en Francia. Por otro, la NASA del siglo XXI, usando una sonda orbital para localizarlo y un observatorio moderno para convertirlo otra vez en un punto activo de medición científica.

No es que Lunokhod 1 “volviera a la vida” en sentido estricto. No se movió, no encendió sistemas, no transmitió radio. Lo que volvió fue su utilidad. Su reflector, al no depender de baterías ni electrónica, podía seguir funcionando siempre que alguien supiera exactamente dónde apuntar.

Y esa es la parte más bonita de la historia. En la Luna, donde no hay viento, lluvia ni erosión como en la Tierra, los objetos quedan convertidos en una especie de archivo congelado de la exploración espacial. Huellas, módulos, rovers, antenas y espejos permanecen allí durante décadas. Algunos son solo monumentos. Otros, como el reflector del Lunokhod 1, todavía contestan.

Más de 50 años después de perder contacto, aquel vehículo soviético sigue quieto en el Mar de las Lluvias. Pero cada vez que un pulso láser viaja desde la Tierra, rebota en sus prismas y regresa, el viejo rover demuestra algo inesperado: una máquina puede estar abandonada y, aun así, seguir midiendo el universo.

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