Durante años, la reutilización de cohetes fue sinónimo de supremacía tecnológica estadounidense. Sin embargo, ese monopolio comienza a ser desafiado desde Asia. Esta semana, un ambicioso intento chino captó la atención del mundo: una misión que prometía marcar un antes y un después terminó con un desenlace inesperado, pero dejó señales claras de que la competencia en el espacio acaba de entrar en una nueva fase.
Un lanzamiento exitoso con un final imprevisto
Una empresa espacial privada china logró un importante hito al enviar con éxito su cohete Zhuque-3 a órbita. Sin embargo, el objetivo más ambicioso de la misión (la recuperación de la primera etapa para su reutilización) no se concretó. Durante la maniobra de regreso, el propulsor sufrió una anomalía en el encendido de sus motores y terminó estrellándose cerca de la zona de aterrizaje prevista.
La protagonista del intento fue LandSpace, una de las compañías líderes del emergente sector espacial comercial de China, con sede en Beijing. El lanzamiento se llevó a cabo desde una remota base en el noroeste del país. Según informó la propia empresa en un comunicado, el vehículo cumplió con normalidad su inserción orbital, pero el sistema de recuperación no logró completar el aterrizaje suave sobre la plataforma designada.
La compañía explicó que los restos del propulsor cayeron en el perímetro de seguridad, lo que confirmó el fracaso técnico de la prueba de reutilización. Aun así, el equipo anunció que realizará una revisión exhaustiva del incidente y continuará avanzando en la verificación de esta tecnología clave.
La apuesta por la reutilización que puede cambiarlo todo
Aunque el intento no alcanzó su objetivo final, la prueba colocó a LandSpace a la cabeza de las empresas chinas que buscan dominar la tecnología de cohetes reutilizables. Este tipo de sistemas es considerado esencial para reducir de forma drástica los costos de lanzamiento y acortar los tiempos entre misiones, una ventaja decisiva en un contexto de competencia global por las constelaciones de satélites y la futura industria de los vuelos espaciales comerciales.
Pero la reutilización no solo implica una ventaja económica. También representa un elemento estratégico, ya que el espacio se ha convertido en un dominio estrechamente ligado al poder militar, a la defensa planetaria y a la soberanía tecnológica de los países.
En este terreno, SpaceX, la empresa de Elon Musk, continúa siendo la referencia absoluta. Su éxito se basa en haber logrado, hace casi una década, el aterrizaje y reutilización sistemática de cohetes propulsores, lo que le permitió dominar el mercado mundial de lanzamientos. Su rival estadounidense Blue Origin, por su parte, consiguió recientemente su primer aterrizaje exitoso de la primera etapa del cohete New Glenn, tras un intento fallido anterior.
Un ensayo fallido que muchos consideran un éxito parcial
Pese al desenlace, varios expertos valoraron el intento de LandSpace como un avance notable. El analista espacial Blaine Curcio, fundador de Orbital Gateway Consulting, calificó la prueba como “impresionante”, estimando que el procedimiento alcanzó más del 90 % de éxito técnico.
Según Curcio, el problema podría estar relacionado con un fallo estructural, con el sistema de encendido o con el propio motor, cuestiones complejas pero solucionables en plazos relativamente cortos. El hecho de que el vehículo haya caído cerca de la zona prevista de aterrizaje es, para los especialistas, una señal positiva sobre el nivel de madurez alcanzado por la industria espacial comercial china.
Este tipo de fallos, recuerdan los expertos, también formaron parte del camino recorrido por SpaceX en sus primeros años, cuando muchos de sus intentos de recuperación terminaron en explosiones similares.

Una carrera declarada contra SpaceX
Las ambiciones de LandSpace han sido observadas con lupa tanto por competidores internacionales como por el propio Elon Musk. En los últimos meses, el magnate comentó públicamente los preparativos del Zhuque-3 y comparó su diseño con la arquitectura del Falcon 9, el cohete reutilizable estrella de SpaceX.
Musk llegó a señalar que la empresa china había integrado elementos de su sistema Starship en una estructura similar a la del Falcon 9, lo que teóricamente le permitiría competir de forma directa. Sin embargo, también advirtió que alcanzar los niveles de fiabilidad y ritmo de producción de SpaceX podría llevarles más de cinco años.
Para entonces, añadió Musk, su compañía espera haber completado la transición a Starship, el cohete más potente jamás construido, concebido para ser totalmente reutilizable, incluida su etapa superior, algo que todavía nadie ha logrado de forma operativa.
Las ambiciones a largo plazo de LandSpace
Desde China, LandSpace no oculta sus aspiraciones. Su fundador y director ejecutivo, Zhang Changwu, admitió en entrevistas que el desarrollo de cohetes comerciales del país aún se encuentra por detrás de SpaceX, pero defendió que, si se mantiene la dirección correcta, algún día podrían igualar sus capacidades.
La empresa prevé que, a partir de 2026, comenzará a realizar misiones de lanzamiento de naves espaciales destinadas a la estación espacial china Tiangong, lo que supondría la primera participación comercial directa en misiones espaciales nacionales. Para ese objetivo, contar con sistemas reutilizables fiables es un requisito fundamental.
LandSpace ya logró un hito relevante en 2023 al realizar el primer lanzamiento orbital exitoso del mundo de un cohete propulsado por metano y oxígeno líquido, el Zhuque-2, un combustible considerado más limpio y eficiente. SpaceX también utiliza metano en Starship, pero hasta ahora solo ha realizado vuelos de prueba suborbitales.
El impulso político hacia una “nación aeroespacial fuerte”
El avance del sector espacial comercial chino no se produce de manera aislada. En los últimos años, el presidente Xi Jinping ha definido a la industria aeroespacial como una “industria emergente estratégica”. De hecho, se espera que el próximo plan quinquenal del país incluya un fuerte impulso para convertir a China en una “nación aeroespacial fuerte”.
Empresas privadas, con el respaldo del Estado, han ganado protagonismo en el ecosistema espacial, replicando en parte el modelo de colaboración público-privada que resultó exitoso en Estados Unidos. Varias compañías ya han realizado lanzamientos orbitales y pruebas iniciales de tecnologías reutilizables.
Tanto el Long March 12A, desarrollado por una entidad estatal de Shanghái, como el Tianlong-3 de la empresa privada Space Pioneer, se consideran cercanos a realizar sus propios vuelos de prueba de recuperación de propulsores.
Según el experto Liu Yuzhang, en apenas una década, el sector espacial comercial chino pasó prácticamente “de la nada a un nuevo punto crítico”.
Recientemente, la autoridad espacial del país creó un nuevo departamento para supervisar esta industria y lanzó un plan de acción de dos años para integrarla en la estrategia nacional de desarrollo espacial.
Fracasar también forma parte del camino
Aunque el sector está preparado para avanzar a gran velocidad, los analistas insisten en que el fracaso es una etapa inevitable. La clave, aseguran, está en la capacidad de aprender rápido, corregir errores y volver a intentarlo sin dilaciones.
El objetivo final de China con este impulso es claro: reducir costos de lanzamiento, aumentar su capacidad de poner satélites en órbita, abastecer su estación espacial y, a largo plazo, participar activamente en la exploración lunar y marciana.
El desenlace del Zhuque-3 no fue el esperado, pero para muchos marca un punto de inflexión. La explosión no cerró una etapa: abrió oficialmente una nueva carrera por el dominio de los cohetes reutilizables en el escenario global.
[Fuente: CNN Español]