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Ciencia

Los astrónomos acaban de superar el registro de 40.000 asteroides cercanos a la Tierra. El ritmo de descubrimientos se acelera y redefine cómo se prepara el planeta frente a posibles impactos

El número de asteroides cercanos a la Tierra identificados acaba de superar los 40.000, una cifra que refleja tanto la mejora tecnológica como la necesidad creciente de vigilancia espacial. El aumento acelerado de descubrimientos cambia el enfoque de la defensa planetaria y pone la atención en los objetos más difíciles de detectar.
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Hace un siglo, solo se conocía un asteroide cuya órbita pasaba cerca de la Tierra. Hoy, los astrónomos acaban de superar los 40.000 y el ritmo sigue aumentando. La cifra no solo marca un hito estadístico: revela cómo la tecnología, la cooperación internacional y la vigilancia sistemática están transformando la manera en que evaluamos el riesgo cósmico. A partir de ahora, la defensa planetaria ya no se basa en lo que vemos, sino en lo que aún podría estar oculto.

Un crecimiento que se disparó en dos décadas

El catálogo de asteroides que pasan cerca de la Tierra ya supera los 40.000 objetos. La atención ahora se centra en los más difíciles de detectar y en desarrollar tecnologías para desviarlos
© NASA/JPL.

El primer asteroide cercano a la Tierra, Eros, fue identificado en 1898. Durante décadas, los descubrimientos avanzaron lentamente y el catálogo apenas crecía. Todo cambió con la llegada de telescopios dedicados al rastreo automático en los años noventa y dos mil.

Según Luca Conversi, director del Centro de Coordinación de Objetos Cercanos de la ESA, la evolución ha sido exponencial: mil al inicio del siglo, quince mil en 2016, treinta mil en 2022 y ahora más de cuarenta mil. Solo en los últimos tres años se detectaron diez mil nuevos objetos. Y este ritmo está lejos de estabilizarse.

Qué asteroides preocupan realmente

Aunque casi dos mil NEA tienen una probabilidad de impacto distinta de cero en el próximo siglo, la mayoría son pequeños y se desintegrarían en la atmósfera. Los más grandes —los que miden más de un kilómetro y causarían efectos globales— ya han sido localizados en su inmensa mayoría.

El foco actual está en un punto intermedio: los asteroides de entre 100 y 300 metros. Son más difíciles de detectar y un impacto sería suficiente para devastar una región entera. Los modelos sugieren que solo se conoce alrededor del 30% de estos objetos, y ahí se concentra ahora el esfuerzo científico.

La próxima generación de ojos espaciales

La aceleración en los descubrimientos no se detendrá. El Observatorio Vera C. Rubin, en Chile, comenzará a cartografiar el cielo con una frecuencia y una sensibilidad inéditas. Los telescopios Flyeye de la ESA, inspirados en la visión facetada de los insectos, ampliarán aún más el barrido del firmamento.

A ellos se sumará NEOMIR, un telescopio infrarrojo en órbita diseñado para vigilar el lado diurno de la Tierra, un punto ciego en el que podrían ocultarse objetos peligrosos que se acercan desde la dirección del Sol.

De la detección a la desviación

El catálogo de asteroides que pasan cerca de la Tierra ya supera los 40.000 objetos. La atención ahora se centra en los más difíciles de detectar y en desarrollar tecnologías para desviarlos
© Getty Images.

Saber dónde están los asteroides es solo la primera parte. La siguiente consiste en aprender a desviarlos. Ahí entra la misión Hera de la ESA, que ya viaja hacia Dimorphos para estudiar las consecuencias del impacto de la nave DART de la NASA, el primer intento real de alterar la trayectoria de un asteroide.

Otras iniciativas, como Ramses —pensada para estudiar al famoso Apophis durante su aproximación en 2029—, apuntan a convertir la mitigación en una capacidad rutinaria. La defensa planetaria ya no es ciencia ficción: es ingeniería preventiva.

El cielo sigue lleno de preguntas

Superar los 40.000 asteroides cercanos a la Tierra demuestra que conocemos más, pero también que falta mucho por descubrir. Y si algo está claro es que, en esta materia, la ignorancia es el mayor riesgo.

Por primera vez, la humanidad está construyendo un inventario de amenazas cósmicas antes de necesitarlas. Y eso, en términos planetarios, ya es una victoria.

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