Imagen: Wikimedia Commons

Hasta ahora, se creía que en áreas como Groenlandia y los polos era imposible que las bacterias pudieran sobrevivir a tales condiciones. Un estudio recientemente publicado lo cambio todo, incluso la posibilidad de reconsiderar lo que sabíamos sobre el cambio climático y la búsqueda de vida extraterrestre.

Normalmente, las bacterias comunes son pequeñas criaturas resistentes a casi todo, aunque tienen sus límites. Hasta ahora, se creía que esa frontera la marcaban los polos del planeta, más concretamente, el hielo polar y la nieve. Un concepto que ha perdurado y que podría ser erróneo a la luz de una nueva investigación.

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Un estudio de la Universidad de York ha observado directamente bacterias que viven en esas condiciones en las regiones ártica y antártica. Dicho de otra forma, el descubrimiento tiene implicaciones sobre nuestra comprensión del clima pasado del planeta, y de dónde podríamos esperar encontrar vida en otro lugar del universo.

Imagen: Kelly Redeker

¿Por qué? En las áreas de los polos el permafrost lleva a cabo una labor esencial al preservar una especie de cápsula del clima detallada de la historia profunda de la Tierra. Lo hace al bloquear los gases de la atmósfera en la nieve mientras se comprime en hielo. Como resultado de ello, los núcleos de hielo se han utilizado para medir cosas como la contaminación del aire y los niveles de carbono en la atmósfera en diferentes momentos. Por lo general, se extienden a cientos de miles de años, pero se han llegado a probar en 2.7 millones de años.

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Esto hasta ahora, ya que los cálculos se basaban en el hecho de que las bacterias no pueden sobrevivir en esas condiciones, por lo que sus procesos biológicos no estropean (hipotéticamente) las lecturas y estimaciones. Pero esa suposición podría no ser cierta con los hallazgos del estudio, ya que han visto bacterias y evidencias en ese ambiente hostil.

Para cerciorarse del descubrimiento, los investigadores esterilizaron muestras de nieve con luz ultravioleta y las compararon con muestras no tratadas. Al hacerlo, descubrieron que la nieve natural contenía trazas de yoduro de metilo, un subproducto de ciertas bacterias. Esto es grave, ya que su presencia podría afectar los niveles de CO2 detectados en los núcleos de hielo, alterando nuestra comprensión del clima pasado de la Tierra. Según Kelly Redeker, autor principal del nuevo estudio: 

Imagen: Kelly Redeker

Dado que la actividad microbiana y su influencia en su entorno local nunca se han tenido en cuenta cuando se analizan las muestras de hielo, podría ser una fuente moderada de error en las interpretaciones de la historia climática. La respiración por bacterias puede tener niveles ligeramente aumentados de CO2 en las bolsas de aire atrapadas dentro de los casquetes polares, lo que significa que antes de la actividad humana, los niveles de CO2 podrían haber sido incluso más bajos de lo que se pensaba.

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Suena tremendo el último dato de Redeker, pero tiene su lógica. El hecho de que los niveles de CO2 de la era preindustrial fueran más bajos que las estimaciones anteriores, significa que la actividad humana está teniendo un impacto aún mayor en el clima de lo que pensábamos.

Por otro lado, el hallazgo tiene una parte positiva que podría expandir nuevos mundos en la búsqueda de vida extraterrestre. El hecho de que las bacterias puedan sobrevivir en este entorno hostil es un buen augurio para la vida en otros planetas, lo que podríamos haber descartado antes como “demasiado frío”. De ser así, el agua líquida podría no ser el baremo mínimo de “lo habitable” después de todo, el agua helada pasaría a ser suficiente para ello. Según Redeker: 

Ártico. Wikimedia Commons

El hecho de que hayamos observado bacterias metabólicamente activas en el hielo y la nieve más prístinos es un signo de la vida que prolifera en entornos donde no se espera que exista. Esto sugiere que podemos ampliar nuestros horizontes cuando se trata de pensar qué planetas son capaces de sostener la vida.

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Alucinante. Bacterias que habrían sobrevivido a un ambiente como el de los polos, podrían estar señalando una nueva expansión en la búsqueda de vida fuera del planeta. [Universidad de York via NewAtlas]