En 2023, un anuncio proveniente del norte de Europa sacudió a gobiernos, industrias y analistas: una empresa minera reveló el hallazgo del mayor yacimiento de tierras raras conocido hasta la fecha en el continente. Más de dos años después, la noticia sigue generando enormes expectativas, aunque también importantes interrogantes sobre su futuro desarrollo, su impacto económico y sus implicaciones medioambientales.
¿Dónde se encuentra el nuevo «oro estratégico» de Europa?

La compañía minera LKAB anunció en enero de 2023 el descubrimiento en Kiruna, una ciudad sueca con una larga tradición minera. El depósito, bautizado como Per Geijer, se ubica cerca de una de las minas de hierro ya operativas de la empresa.
Con más de 585 millones de toneladas de mineral, el hallazgo representa un potencial histórico para la industria europea. Entre sus componentes destacan óxidos de tierras raras como el praseodimio y el neodimio, esenciales para fabricar motores de vehículos eléctricos y aerogeneradores, sectores clave en la transición energética.
¿Qué valor tiene este hallazgo para Europa?

Las estimaciones iniciales calculan que el yacimiento podría contener hasta un millón de toneladas de óxidos de tierras raras. Basándose en los precios actuales de mercado, este tesoro subterráneo tendría un valor aproximado de 63.654 millones de euros.
Este monto supera ampliamente otros proyectos similares en el mundo, posicionando a Europa como un potencial líder en el suministro de estos materiales estratégicos, tradicionalmente dominados por China.
Sin embargo, según indica OkDiario, la proporción de tierras raras respecto al total del mineral es del 0,18%, lo que implica desafíos técnicos para su aprovechamiento efectivo. A pesar de ello, desde LKAB sostienen que la combinación de volumen y concentración lo hace rentable a largo plazo.
¿Qué obstáculos frenan la explotación inmediata?

Aunque la empresa ya inició obras preliminares para explorar el yacimiento, el camino hacia la producción es largo. Se estima que obtener permisos ambientales y completar los estudios de impacto podría llevar entre 10 y 15 años.
La legislación sueca exige evaluar con detalle los efectos sobre el ecosistema local, especialmente sobre los recursos hídricos y la fauna de la región. Además, existe el reto ético de equilibrar la explotación de un recurso estratégico con la protección del medio ambiente.
En palabras del director general de LKAB: «Sin minas, no puede haber vehículos eléctricos», una frase que resume el dilema actual entre sostenibilidad y necesidad tecnológica.