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El día que un hombre tranquilo llamado James Bond descubrió que existía el agente 007

Ilustración para el artículo titulado
Imagen: Bond, James Bond, el agente 007

La historia de James Bond, el real, no es igual que la de la vecina que le ha puesto khaleesi a su hija. Principalmente porque James Bond nació mucho antes de que Ian Fleming creara al agente 007. Sin embargo, tras la llegada del personaje ficticio, la vida de Bond, el ornitólogo, cambió para siempre.

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A diferencia de las aventuras que iba a correr el espía británico de las películas, James Bond en carne y hueso tuvo una vida mucho más tranquila después de convertirse en ornitólogo. El hombre nació el 4 de enero de 1900 en Filadelfia, aunque también vivió en Inglaterra, y posiblemente aquí se acaben los parecidos.

Tras un periplo en tierras británicas regresó a Estados Unidos hasta que finalmente decidió dar un giro a su vida y unirse a una expedición al Amazonas para recolectar especímenes biológicos para la Academia de Ciencias Naturales de Filadelfia. Tras esta aventura comenzó a trabajar como ornitólogo en la Academia, convirtiéndose en muy poco tiempo en una autoridad en las especies de aves del Caribe, sobre todo después publicar en 1936, Birds of the West Indies, considerada como la guía definitiva para las aves de la región en ese momento.

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Bond, el ornitólogo, viviría desde entonces una etapa de relativa tranquilidad, conviviendo con un éxito reposado al ser considerado un experto en aquello que amaba. Sin embargo, este oasis de tranquilidad iba a cambiar en 1961, cuando James Bond lee en un periódico una crítica sobre su libro que hacía referencia a pistolas, espías, explosiones, sexo y muertes.

Ilustración para el artículo titulado
Imagen: Bond, James Bond, pero el ornitólogo (Dominio público)
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Fue en ese instante cuando James Bond y su esposa supieron que un personaje ficticio les iba a acompañar el resto de sus vidas. De hecho, una vez que supo de las novelas de Ian Fleming, Mary, la esposa de Bond, el ornitólogo, le escribió a Fleming en tono de broma para decirle que le había robado el nombre a su marido.

Y resulta que Fleming contestó a la esposa. Al parecer, le contó que era un aficionado a los pájaros cuando vivía en Jamaica comenzando a trabajar en su primera novela de espías. Por aquel entonces, Birds of the West Indies también fue una “Biblia” para el escritor. Según le contó Fleming:

Quería que mi personaje principal fuera un nombre ordinario y sencillo, y cuando estaba tratando de elegir uno, recordé al autor del libro al que recurría con tanta frecuencia. Me llamó la atención que este nombre, breve, poco romántico y, sin embargo, muy masculino, era justo lo que necesitaba y por eso nació James Bond II. 

Entiendo si realmente están enojados conmigo por el robo del nombre. A cambio, solo puedo ofrecerle a James Bond el uso ilimitado del nombre Ian Fleming para cualquier propósito que considere adecuado. Quizás algún día descubra algunas especies de pájaros particularmente horribles que le gustaría bautizar de una manera insultante.

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No sólo eso, el escritor también invito a la pareja a su casa en Jamaica, y los Bond acudieron unos años más tarde. Cuentan que de aquel primer encuentro surgió una amistad e incluso Flemming le regaló una copia de su última novela, You Only Live Twice, inscrita con el mensaje “Al verdadero James Bond del ladrón de su identidad”.

Me pregunto cuántas veces en vida el Bond ornitólogo dijo al teléfono aquello de: “Me llamo Bond, James Bond”. Tiene que ser épico, aunque supongo que pasado un tiempo la broma se puede convertir en una auténtica pesadilla. [Mental Floss, The Man with de Golden Typewriter]

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