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Ciencia

El duelo inesperado: ¿cuál es la bebida que menos daño le hace a tu cuerpo?

Puede parecer una elección inofensiva, pero detrás de una lata de refresco de cola o una cerveza hay diferencias cruciales para tu salud. Descubrí qué esconde cada bebida, cómo impacta realmente en tu organismo y por qué una versión alternativa podría sorprenderte como la opción más razonable.
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Elegir entre una gaseosa de cola y una cerveza puede parecer una decisión trivial, casi de rutina. Sin embargo, detrás de esa elección cotidiana se ocultan ingredientes y efectos que vale la pena conocer. Ambas bebidas tienen sus riesgos, aunque no todos son igual de evidentes. En este artículo, desglosamos lo que realmente contiene cada una, lo que implican sus versiones “sin” y cuál resulta menos perjudicial según la ciencia.

Refresco de cola: el azúcar como enemigo silencioso
© Pixabay

Refresco de cola: el azúcar como enemigo silencioso

Una lata de 33 cl. de refresco de cola tradicional contiene, en promedio, unos 35 gramos de azúcar. Esto equivale a siete cucharaditas colmadas, una cantidad que, por sí sola, supera el límite recomendado por la Organización Mundial de la Salud, que sugiere no ingerir más de 25 gramos diarios si se busca un beneficio real para la salud.

El consumo habitual de esta cantidad de azúcar no es un detalle menor: incrementa el riesgo de obesidad, caries, diabetes tipo 2 y trastornos metabólicos. Aunque las recomendaciones de la OMS han sido puestas en duda por ciertos sectores científicos, otras entidades como la EFSA (Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria) van más allá y sugieren mantener el consumo de azúcares añadidos lo más bajo posible. En resumen: cuanto menos azúcar, mejor, y si podés evitar la gaseosa azucarada, mucho mejor.

Cerveza tradicional: el alcohol y sus efectos duraderos

Por su parte, una lata estándar de cerveza contiene unos 14 gramos de alcohol, suficiente para generar un impacto en el organismo. Aunque a veces se minimicen sus efectos, el alcohol está asociado al desarrollo de múltiples enfermedades: cáncer, dolencias hepáticas, alteraciones cardiovasculares e incluso deterioro cognitivo.

Además, se trata de una fuente de “calorías vacías”: aporta energía sin nutrientes, con unas 150 calorías por lata. Por eso, el consumo regular de cerveza no solo compromete la salud a largo plazo, sino que también contribuye al aumento de peso. Las recomendaciones médicas son claras: el mejor consumo de alcohol es ninguno.

Las versiones “sin”: ¿realmente mejores?

Las versiones “sin”: ¿realmente mejores?
© junjie xu

Frente a estos problemas, surgen las versiones sin azúcar o sin alcohol como alternativas aparentemente más seguras. En el caso de las gaseosas sin azúcar, los edulcorantes permiten reducir el contenido calórico y evitar los efectos negativos del azúcar, aunque su uso no está exento de polémica: algunos estudios sugieren posibles alteraciones en la microbiota intestinal y un aumento del deseo por alimentos dulces.

La cerveza sin alcohol, por su parte, elimina de raíz los riesgos ligados al etanol, y además tiene un aporte calórico mucho menor: alrededor de 50 kcal por lata. Su único punto débil es el contenido de azúcares provenientes de la cebada, que ronda los 13 g por lata, una cifra mucho más manejable que en una gaseosa común.

Conclusión: ¿cuál es la opción menos dañina?

Si hay que elegir entre una gaseosa y una cerveza, ninguna es ideal. Pero si se trata de salud, la cerveza lleva la desventaja por el alcohol. Entre las versiones sin, la cerveza sin alcohol es preferible a la gaseosa sin azúcar por no involucrar edulcorantes controversiales. En definitiva, la ganadora del ranking sería la cerveza sin alcohol. Eso sí, ninguna opción supera al agua: la bebida más saludable sigue siendo la más simple.

Fuente: Telecinco.

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