En los últimos años, una amenaza bacteriana ha estado creciendo en silencio en España. La legionelosis, causada por la bacteria Legionella, no solo ha aumentado su incidencia, sino también su letalidad. Este microorganismo, que prolifera en sistemas de agua y refrigeración, ha provocado cientos de muertes, y su origen sigue siendo en gran parte un misterio. ¿Por qué es tan difícil controlarla?
Un repunte que preocupa: más casos y más muertes
Entre 2011 y 2023, los casos esporádicos de legionelosis —aquellos que no forman parte de brotes conocidos— han crecido a un ritmo medio anual del 8,96%, alcanzando una tasa de 3,46 afectados por cada 100.000 habitantes en 2022. Las muertes han seguido un ritmo aún más alarmante, con un aumento anual del 11,19%. En total, 823 personas han fallecido durante ese periodo.

La mayoría de los casos se concentran entre los meses de junio y noviembre, y afectan principalmente a hombres, en una proporción aproximada de tres por cada mujer. Sin embargo, la letalidad no ha mostrado una tendencia clara: ronda el 6,18%, sin diferencias significativas entre sexos.
La dificultad para rastrear el origen de la infección se debe a que la Legionella se encuentra en entornos comunes como el agua o el suelo, y se transmite a través de aerosoles. Sistemas de agua caliente, duchas, fuentes decorativas o torres de refrigeración pueden ser focos de infección. Aunque los brotes en hoteles o restaurantes han disminuido gracias a la normativa, cerca del 85% de los casos siguen siendo esporádicos y difíciles de prevenir.
Un problema con múltiples causas (y aún muchas incógnitas)
A nivel europeo, España es el sexto país con más casos reportados. Las razones del incremento no son del todo claras. Algunos expertos apuntan al cambio climático, que podría favorecer la proliferación de la bacteria en aguas superficiales por el aumento de las temperaturas. Otros subrayan mejoras en la capacidad diagnóstica, como el uso de pruebas PCR más sensibles que han sustituido a los antiguos cultivos bacterianos.

Los pacientes suelen ser hombres mayores de 65 años o personas con sistemas inmunitarios debilitados. El mayor consumo de tabaco entre los varones también se relaciona con una mayor afectación pulmonar, lo que aumenta el riesgo de desarrollar formas graves de la enfermedad.
Existen dos variantes clínicas: la fiebre de Pontiac, que es leve y autolimitada, y la enfermedad del legionario, más grave y parecida a una neumonía. Esta última puede incluir fiebre, dificultad respiratoria, diarrea y niveles bajos de sodio en sangre.
¿Por qué el norte de España registra más casos?
A diferencia de muchas otras enfermedades infecciosas, la pandemia no redujo los casos de legionelosis, debido a que no se transmite entre personas. Y otro dato llamativo: la mayor incidencia se concentra en provincias del norte y noreste como Guipúzcoa, Huesca o Cantabria. Factores ambientales como la humedad, la temperatura o la lluvia podrían estar influyendo en esta distribución territorial.
Aunque la enfermedad puede tratarse eficazmente con antibióticos como azitromicina o quinolonas, los especialistas insisten en la necesidad de actuar antes: detectar los focos, comprender mejor el comportamiento de la bacteria y mejorar la prevención. Porque, aunque ahora se diagnostica más, el verdadero reto es anticiparse antes de que el enemigo invisible vuelva a atacar.
Fuentes: El Español.