Cuando el calor aprieta, todos deseamos que el verano termine cuanto antes. En 2025, técnicamente, lo hará un poco antes que el año pasado. Pero esta diferencia no se debe al clima, sino a un fenómeno astronómico que modifica ligeramente la duración de las estaciones. ¿De verdad sirve de consuelo saberlo?
El verano no dura siempre lo mismo
Aunque asociamos las estaciones a ciclos fijos, lo cierto es que su duración varía ligeramente de un año a otro. En el caso del verano, esas diferencias pueden pasar desapercibidas… salvo para quienes, asfixiados por las altas temperaturas, cuentan los días hasta que llegue el otoño.
En 2025, el verano en el hemisferio norte será unos 15 minutos más corto que en 2024. Una cifra anecdótica, pero que refleja un fenómeno mucho más interesante: la duración de cada estación está determinada no solo por la inclinación del eje terrestre, sino también por la forma en que nuestro planeta se desplaza por su órbita.
Esa órbita no es circular, sino elíptica. A lo largo del año, la Tierra se acerca y se aleja del Sol, pasando por el perihelio (el punto más cercano) y el afelio (el más lejano). En función de dónde se encuentre en cada estación, el planeta se moverá más rápido o más lento, acortando o alargando ligeramente los meses correspondientes.
Kepler ya lo predijo hace más de 400 años
Este comportamiento fue descrito en 1609 por Johannes Kepler con su segunda ley: el planeta recorre áreas iguales en tiempos iguales. En términos sencillos, eso significa que cuando la Tierra está más cerca del Sol, debe acelerar su velocidad para cumplir con esta ley. Y al alejarse, reduce el ritmo.

El verano boreal coincide con el afelio, cuando la Tierra está más lejos del Sol. Eso explica por qué tradicionalmente el verano del hemisferio norte es unos cuatro días más largo que el del sur. Sin embargo, esa diferencia también fluctúa ligeramente según el momento exacto del año en que se produce el afelio.
Este 2025, como el planeta se moverá un poco más rápido, el verano boreal será más corto. No por un cambio climático repentino, sino por mecánica celeste.
Un consuelo astronómico… pero poco práctico
¿Y cuánto se nota esta diferencia? En 2024, el verano duró exactamente 93 días, 15 horas y 52 minutos. En 2025, serán 93 días, 15 horas y 37 minutos. Para 2026, se espera que dure tres minutos más que este año. Así de sutiles son las variaciones.
Eso sí, no confundamos duración astronómica con sensación térmica. Por mucho que el calendario diga que el verano será más corto, las olas de calor siguen empezando antes y terminando después. Y si la tendencia del cambio climático se mantiene, es probable que sigamos sudando incluso en otoño.
Porque una cosa es cierta: el Sol se mueve, la Tierra también… pero el calor, lamentablemente, se queda.
Fuente: Hipertextual.