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Ciencia

El engaño perfecto: por qué lo que ves no siempre es real, según la neurociencia

Lo que ves, oyes o sientes no siempre es lo que ocurre. El psiquiatra y divulgador Miguel Gaona explora cómo el cerebro fabrica una realidad propia a partir de los sentidos, las emociones y los recuerdos. Un análisis fascinante sobre cómo la mente puede engañarte... incluso cuando crees estar seguro.
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¿Y si todo lo que experimentas cada día no fuera más que una proyección mental? La neurociencia moderna afirma que la realidad no es objetiva, sino una construcción cerebral basada en los sentidos, las emociones y los recuerdos. En una entrevista reciente, el psiquiatra forense Miguel Gaona explicó cómo el cerebro manipula la percepción y por qué entender ese proceso es clave para mantener el equilibrio emocional y mental.

El cerebro, un creador de ilusiones

Según Miguel Gaona, “vivimos encerrados en un cráneo”, interpretando el mundo a través de sentidos que no siempre dicen la verdad. Para él, la mente no reproduce la realidad, la fabrica. Vemos imágenes, oímos sonidos y sentimos texturas que el cerebro traduce en una versión de lo que cree que sucede.

Esto significa que la forma más sencilla de manipular a alguien es haciéndole creer lo que ve. Gaona compara esta vulnerabilidad con la magia: aceptamos el engaño cuando sabemos que hay un truco, pero ¿qué ocurre cuando no lo sabemos? Esa confusión, dice, es cada vez más peligrosa en tiempos de inteligencia artificial, donde la línea entre lo real y lo falso se difumina con facilidad.

Falsos recuerdos y verdades múltiples

El experto advierte que los recuerdos no siempre son confiables. Pueden modificarse con el tiempo, influenciados por emociones o por el contexto. En su labor como forense, ha visto cómo testigos convencidos de su relato describen versiones opuestas de un mismo hecho, sin mentir. Como en la célebre película Rashomon, la verdad puede fragmentarse en varias verdades, todas reales dentro de la mente que las percibe.

Esta capacidad del cerebro para reconstruir (y a veces inventar) recuerdos tiene implicaciones profundas. Explica por qué podemos aferrarnos a imágenes o sensaciones que nunca existieron, y cómo la memoria emocional distorsiona los hechos. “La cabeza es la loca de la casa”, decía Santa Teresa, y la neurociencia actual parece darle la razón.

Emociones: fuegos artificiales del alma

Gaona sostiene que las emociones deben ser observadas, no obedecidas. Las compara con fuegos artificiales: brillantes y breves. Darles “carta de validez”, según él, conduce al desequilibrio mental. “No todo lo que sentimos es cierto”, advierte. Por eso recomienda someter las emociones a un período de cuarentena antes de actuar.

En su metáfora de la mesa con varias patas, explica que la estabilidad emocional depende de múltiples pilares: la salud, la economía, las relaciones y el propósito vital. Quien apoya toda su vida sobre una sola “pata” (el amor, el dinero o el trabajo) corre el riesgo de derrumbarse ante el primer golpe.

Reprogramar la mente y vivir con propósito

El cerebro, afirma, es plástico: puede aprender, desaprender y transformarse. Aprender un idioma o tocar un instrumento son ejemplos de reprogramación positiva. Sin embargo, advierte que olvidar patrones negativos es mucho más difícil que adquirir nuevos. Por eso el autoconocimiento y la práctica consciente resultan esenciales para “reeducar” la mente.

Pero más allá de la neuroplasticidad, Gaona insiste en algo más básico: dormir bien, alimentarse, hacer ejercicio y respetar los ritmos naturales del cuerpo. Sin esas condiciones, cualquier intento de equilibrio mental se vuelve inútil. La ciencia respalda su postura: estudios de Harvard y Columbia demuestran que caminar 40 minutos al día reduce los síntomas depresivos y mejora la percepción de bienestar.

Cuando la ciencia se encuentra con la espiritualidad

En los últimos años, el psiquiatra ha explorado un territorio controvertido: la relación entre la mente, la espiritualidad y lo que llama “curaciones del alma”. Observó cómo, en ciertos casos, la fe y la conexión espiritual pueden aliviar sufrimientos donde la medicina tradicional fracasa.

Para Gaona, negar la dimensión espiritual del ser humano es negar una parte esencial de su equilibrio. “La ciencia debe aprender de la espiritualidad”, afirma. Y concluye con una idea inquietante: tal vez la realidad que creemos sólida sea solo una ilusión más dentro del inmenso teatro de la mente.

[Fuente: Infobae]

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