Imagen vía Getty

Entre los temores del ciberespionaje ruso, el hackeo de las elecciones estadounidenses y la amenaza nuclear en el mar de Jap√≥n, cualquiera dir√≠a que hemos vuelto a la Guerra Fr√≠a. Pero las perspectivas podr√≠an empeorar a medida que se conocen nuevos detalles sobre el desconcertante caso de los diplom√°ticos norteamericanos que han sufrido da√Īo cerebral y p√©rdida de audici√≥n permanente en Cuba por supuestos ataques con un arma s√≥nica.

Si bien el Departamento de Estado ha guardado silencio, las informaciones que llegan de Estados Unidos, Canad√° y Cuba coinciden en que un n√ļmero significativo de personas fueron alcanzadas en La Habana por un ‚Äúdispositivo s√≥nico encubierto‚ÄĚ que opera fuera de las frecuencias audibles del sonido. Los historiales m√©dicos revisados por CBS News revelan s√≠ntomas que van desde la p√©rdida auditiva, las n√°useas, los dolores de cabeza y los problemas de equilibrio hasta un grave diagn√≥stico de ‚Äúlesi√≥n cerebral traum√°tica leve con probable da√Īo al sistema nervioso central‚ÄĚ. Associated Press a√Īade inflamaci√≥n del cerebro, mareos y tinnitus.

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Por su parte, la CNN revel√≥ que al menos diez estadounidenses y cinco diplom√°ticos canadienses, junto con sus familiares, han sido tratados por s√≠ntomas consistentes con un ataque de arma s√≥nica desde finales de 2016. Algunos funcionarios aseguraron haber sentido vibraciones y ‚Äúun ruido ensordecedor, similar al zumbido de un enjambre de insectos o el chirrido que se produce al rayar un metal‚ÄĚ antes de que aparecieran los s√≠ntomas, mientras que otras v√≠ctimas sostienen no haber o√≠do nada.

Varios diplom√°ticos han abandonado sus puestos en lo que va de a√Īo a medida que el gobierno de Estados Unidos intenta esclarecer el asunto. Seg√ļn testimonios recogidos por la agencia AP, los ataques parec√≠an venir siempre por la noche, en r√°fagas de un minuto. Se cree que fueron causados por un dispositivo s√≥nico que pudo ser desplegado dentro o fuera de la embajada de Estados Unidos, o cerca de las casas de los diplom√°ticos, pero las inspecciones del FBI y la Real Polic√≠a Montada de Canad√° en estos lugares no dieron ning√ļn resultado. Adem√°s, seg√ļn un informe, uno de los incidentes ocurri√≥ en el hotel Capri de La Habana.

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Todav√≠a no se sabe c√≥mo ocurrieron los ataques ni qui√©nes son los responsables. Se sabe que el gobierno de Estados Unidos expuls√≥ a dos enviados cubanos del territorio estadounidense en mayo, pero el gobierno de Ra√ļl Castro neg√≥ cualquier irregularidad. En cualquier caso, los diplom√°ticos heridos viv√≠an en hogares proporcionados por Cuba, y ser√≠a extra√Īo que los canadienses fueran objeto de ataques por parte de las autoridades cubanas cuando el gobierno de Canad√° ha sido especialmente cr√≠tico con los embargos comerciales emitidos por Estados Unidos contra el pa√≠s insular (sin contar con que los canadienses constituyen una porci√≥n importante del mercado tur√≠stico cubano).

Tampoco parece haber ning√ļn motivo para que Cuba corra el riesgo de arruinar sus nuevas y fr√°giles relaciones diplom√°ticas con Estados Unidos. Todo esto ha estimulado las teor√≠as de que un tercero, tal vez otro Estado, podr√≠a estar involucrado. El secretario de Estado estadounidense Rex Tillerson dijo en agosto que sus gobierno considera a las autoridades cubanas ‚Äúresponsables‚ÄĚ de descubrir al culpable detr√°s de los ataques, y asegur√≥ que Estados Unidos est√° en ‚Äúcontacto frecuente‚ÄĚ con Cuba para ‚Äúresolver este asunto de una manera satisfactoria‚ÄĚ.

Por ahora ni siquiera est√° claro que exista una tecnolog√≠a tan avanzada como para realizar este tipo de ataques s√≥nicos encubiertos. Joseph Pompei, exinvestigador del MIT y experto en psicoac√ļstica, explic√≥ a Associated Press que ‚Äúalguien tendr√≠a que sumergir su cabeza en una piscina forrada con transductores ultras√≥nicos muy poderosos‚ÄĚ para que el sonido le causase conmoci√≥n y da√Īo cerebral. En New Scientist, Toby Heys de la Universidad Metropolitana de Manchester en el Reino Unido especul√≥ sobre un te√≥rico dispositivo que emitir√≠a ondas de sonido por debajo del alcance de la audici√≥n humana como posible responsable, pero cree que tal dispositivo requerir√≠a una ‚Äúamplia gama de subwoofers‚ÄĚ.

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Otra posibilidad más sigilosa, aunque demasiado precisa, sería usar los ultrasonidos para crear ondas sonoras dirigidas directamente a la cavidad del oído a una frecuencia por encima de la gama audible. Pero en ese caso estaríamos hablando de un arma digna del mejor James Bond.