Durante décadas, el Sistema Solar parecía un mapa cerrado. Pero las órbitas inclinadas y caóticas de unos cincuenta objetos del Cinturón de Kuiper han vuelto a abrir el caso. Un equipo de astrofísicos de la Universidad de Princeton detectó una anomalía: todos esos cuerpos trazan una inclinación de unos 15 grados que no debería existir.
Esa desviación, explican, solo puede deberse a algo invisible. Un cuerpo masivo, quizá del tamaño de la Tierra, ejerciendo una atracción gravitacional constante. Su hipótesis, publicada en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society, no describe un planeta gigante como el mítico Planeta Nueve, sino algo más pequeño, rocoso, silencioso. Lo bautizaron Planeta Y.
El posible retrato de una Tierra lejana

Según los cálculos del equipo dirigido por Amir Siraj, este nuevo mundo podría tener una masa entre la de Mercurio y la de nuestro propio planeta. Orbitando entre 100 y 200 veces más lejos del Sol que la Tierra, el Planeta Y estaría tan apartado que reflejaría apenas un hilo de luz, casi imposible de detectar.
A diferencia del hipotético Planeta Nueve —un coloso gaseoso diez veces más masivo que la Tierra—, este candidato sería una esfera sólida, inclinada unos 10 grados respecto al plano orbital de los demás planetas. Esa diferencia podría explicar por qué las órbitas del Cinturón de Kuiper parecen torcidas, como si algo las empujara desde un ángulo oculto.
Entre el escepticismo y la fascinación

No todos están convencidos. Samantha Lawler, astrónoma de la Universidad de Regina, advierte que el tamaño de la muestra sigue siendo pequeño. Aun así, otros especialistas, como Patryk Sofia Lykawka, consideran plausible que exista un planeta intermedio, capaz de perturbar el equilibrio de las regiones más lejanas del Sol.
El Observatorio Vera C. Rubin, recién inaugurado en Chile, podría resolver el misterio. Su campo de visión permitirá descubrir miles de nuevos objetos del Cinturón de Kuiper en los próximos años. Si el Planeta Y está ahí fuera, dicen los investigadores, ese telescopio lo verá.
Una frontera entre la ciencia y la imaginación
La posibilidad de que haya otra Tierra perdida en la oscuridad, orbitando más allá de los límites conocidos, despierta una mezcla de vértigo y esperanza. Quizá sea solo una ilusión estadística. O quizá, como sugiere Siraj, nuestro sistema solar aún guarda secretos tan profundos como el universo que lo rodea.