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Ciencia

El espectáculo oculto que un observatorio chileno logró capturar

Un telescopio ubicado en lo alto de los Andes captó una figura celeste cuyo aspecto desconcertante parece desafiar toda lógica. El retrato, elegido para una celebración especial, muestra procesos tan violentos como fascinantes, y abre una ventana única hacia el final dramático de ciertas estrellas.
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En uno de los cielos más limpios del planeta, un observatorio chileno logró registrar una escena espacial tan hermosa como turbulenta. La forma capturada, que recuerda a un ser alado suspendido en el vacío, es en realidad la huella de un fenómeno extremo. El nuevo retrato permite explorar detalles que rara vez quedan expuestos con tanta claridad.

Un telescopio andino frente a una estructura luminosa

En la cima del Cerro Pachón, el Telescopio Gemini Sur obtuvo una imagen excepcional de un objeto astronómico situado entre 2.500 y 3.800 años luz de la Tierra, en la constelación de Escorpio. La estructura, conocida oficialmente como NGC 6302 o Caldwell 69, es famosa por su forma peculiar, que recuerda a una mariposa desplegando sus alas en plena metamorfosis.

La fotografía, revelada por el Observatorio Internacional Gemini, fue seleccionada para conmemorar el 25º aniversario del telescopio, ya que muestra con una nitidez extraordinaria los chorros turbulentos de gas expulsados desde su núcleo. Este objeto corresponde a una nebulosa planetaria bipolar, una formación asociada al fin de vida de ciertas estrellas de gran masa. Su forma, lejos de ser delicada, refleja una violencia interna que solo la astronomía puede traducir en luz.

Una estrella que murió dejando un corazón ardiente

En el centro de esta Nebulosa Mariposa se encuentra una enana blanca: el remanente compacto de lo que un día fue una estrella similar a nuestro Sol. Aunque ahora es mucho más pequeña, conserva aproximadamente dos tercios de la masa solar y figura entre los cuerpos más calientes del firmamento conocido.

Las mediciones indican que su superficie supera los 250.000 °C, una temperatura tan extrema que provoca la emisión de radiación capaz de alterar los gases que la rodean. Esta actividad energética ilumina la nebulosa desde dentro y crea patrones cromáticos que los telescopios pueden analizar con precisión creciente.

La historia de esta estrella, antes de su colapso, es igual de dramática: llegó a expandirse hasta mil veces el diámetro del Sol mientras atravesaba su fase de gigante roja. Durante este periodo, perdió grandes cantidades de gas que se fueron desprendiendo en capas concéntricas, acumulándose alrededor del astro moribundo. Ese material, combinado con polvo estelar, dio origen a una barrera que más tarde sería fundamental para moldear la forma final de la nebulosa.

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©YouTube

Cómo los vientos estelares esculpieron unas alas cósmicas

La presencia de ese cinturón denso de gas y polvo condicionó la forma en que la estrella expulsó el material restante. Cuando la presión interna aumentó, los chorros de gas escaparon en direcciones perpendiculares a la barrera, generando la apariencia bipolar que caracteriza a esta nebulosa.

La escena se volvió aún más compleja con la intervención del viento estelar: corrientes de partículas que viajaron a más de tres millones de kilómetros por hora. Dicho viento chocó contra el material expulsado, modelando pliegues, cavidades y bordes que dan la impresión de alas extendidas.

Gracias al análisis cromático realizado con los datos del telescopio, los astrónomos identificaron zonas rojizas asociadas al hidrógeno energizado y áreas azuladas pertenecientes al oxígeno. El brillo más intenso se debe a regiones que superan los 20.000 °C, temperaturas típicas en escenarios donde las estrellas realizan su último acto.

Un laboratorio químico que alimentará futuros mundos

La Nebulosa Mariposa contiene también otros elementos como nitrógeno, azufre y hierro. Este último desempeña un papel crucial en la evolución del cosmos: una vez liberado y disperso, se integra en el medio interestelar y se convierte en materia prima para nuevas estrellas y planetas.

Este proceso, conocido como reciclaje cósmico, garantiza la continuidad química del Universo. De hecho, buena parte de los materiales que conforman los mundos actuales (incluida la Tierra) se originaron en explosiones o desprendimientos similares ocurridos miles de millones de años atrás.

La imagen captada por Gemini Sur no es solo un homenaje a sus 25 años de observación; también es un recordatorio de que cada estructura que vemos en el firmamento, incluso las más efímeras, deja una huella que alimenta la creación de nuevos sistemas. Así, lo que parece un retrato bello y estático es, en realidad, una etapa fugaz dentro de un ciclo eterno.

 

[Fuente: National Geographic]

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