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Ciencia

Los científicos han descubierto una nueva estructura en el Cinturón de Kuiper más allá de Neptuno. El hallazgo revela un ‘núcleo interno’ que replantea la arquitectura del Sistema Solar exterior

Un análisis avanzado de los objetos helados que orbitan más allá de Neptuno reveló una agrupación desconocida justo al lado del núcleo ya identificado del cinturón de Kuiper. El descubrimiento sugiere que la región más lejana del Sistema Solar es más compleja, segmentada e influida por resonancias gravitatorias invisibles.
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Durante años creímos que el cinturón de Kuiper era una banda relativamente uniforme de cuerpos helados orbitando en silencio más allá de Neptuno. Pero un equipo de astrónomos de Princeton y del Institute for Advanced Study aplicó un método de análisis que nunca se había usado en esta región, y el resultado fue inesperado: apareció un nuevo grupo de objetos con órbitas sorprendentemente ordenadas. Lo han llamado el “núcleo interno” y su existencia obliga a reescribir parte del mapa del Sistema Solar exterior.

Un hallazgo que surge de un análisis diferente

Identifican una segunda agrupación de cuerpos helados a 43 UA del Sol. La estructura indica que el borde del Sistema Solar está marcado por resonancias con Neptuno
© Naeblys/Getty Images.

A diferencia de estudios anteriores, este no se basó en observar visualmente las órbitas ni en agrupar puntos sobre gráficos. Los investigadores utilizaron DBSCAN, un algoritmo diseñado para detectar patrones ocultos dentro de grandes conjuntos de datos. Para aplicarlo, primero tuvieron que “limpiar” las órbitas de los objetos del cinturón de Kuiper, separando las perturbaciones causadas por Neptuno y otros planetas gaseosos. Ese paso permitió obtener los llamados elementos orbitales libres, una especie de versión primordial de cada trayectoria.

Cuando el algoritmo se ejecutó sobre esos datos depurados, ocurrió algo revelador. Además de recuperar el núcleo ya conocido —descubierto en 2011 por Jean-Marc Petit—, apareció otra agrupación estable a 43 unidades astronómicas del Sol, justo un poco más cerca que el núcleo original, situado a unas 44 UA. Este nuevo grupo mostraba órbitas aún más circulares y alineadas con el plano del Sistema Solar, lo que los astrónomos describen como una población más “fría”.

¿Dos estructuras separadas o una sola con un hueco en medio?

Identifican una segunda agrupación de cuerpos helados a 43 UA del Sol. La estructura indica que el borde del Sistema Solar está marcado por resonancias con Neptuno
© Vito Technology, Inc.

Aquí surge el misterio. Dependiendo de los parámetros del algoritmo, el núcleo y el núcleo interno parecen fusionarse en una estructura continua. ¿Por qué entonces parecen separados? La explicación más convincente apunta a una resonancia con Neptuno en 43.7 UA. Estas resonancias suelen vaciar regiones enteras con el paso del tiempo, creando huecos que dan la impresión de que existen dos grupos distintos.

Que se trate de una estructura dividida o de dos poblaciones independientes es algo que aún no puede confirmarse. Sin embargo, las diferencias en excentricidad sugieren que el núcleo interno podría haber experimentado un pasado menos agitado, con menos “calentamiento dinámico”. Eso abre una posibilidad fascinante: que preserve señales antiguas de la formación del Sistema Solar.

Lo que viene ahora

El Observatorio Vera C. Rubin y su gigantesco sondeo LSST comenzarán pronto a registrar el cielo con un nivel de detalle sin precedentes. Cuando eso ocurra, la cantidad de objetos conocidos del cinturón de Kuiper podría multiplicarse. Y entonces sabremos si este núcleo interno es una estructura real, una extensión del núcleo o el fragmento visible de una historia orbital mucho más profunda. ¿Qué otras sorpresas quedan ocultas en el borde helado del Sistema Solar?

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