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Ciencia

El experimento que encendió una chispa del Big Bang en la Tierra

Científicos del CERN y de la Universidad de Oxford lograron recrear en laboratorio una condición del universo primitivo que podría explicar cómo surgió el magnetismo que atraviesa galaxias enteras. El hallazgo acerca a la ciencia a resolver uno de los mayores enigmas del cosmos: cuándo y cómo nacieron sus fuerzas invisibles.
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Desde las estrellas hasta los agujeros negros, el universo está gobernado por fuerzas que operan en silencio pero determinan cada movimiento. Sin embargo, hay una de ellas que sigue siendo un misterio: el magnetismo cósmico. Ahora, un experimento realizado en el CERN parece haber encontrado una pista sobre su origen, recreando las condiciones del mismísimo Big Bang.

El poder invisible que sostiene al universo

Todo lo que ocurre en el cosmos puede explicarse por cuatro fuerzas fundamentales: la gravedad, el electromagnetismo, la fuerza nuclear fuerte y la fuerza nuclear débil. La gravedad mantiene unidos los planetas y las galaxias, mientras que el electromagnetismo rige la luz, la electricidad y el magnetismo.

Aunque solemos pensar en la gravedad como la gran fuerza del universo, el electromagnetismo es el verdadero protagonista a escalas cósmicas. Sus campos atraviesan galaxias, moldean vientos estelares, desvían rayos cósmicos y participan en la formación de nuevas estrellas. Lo sorprendente es que, pese a su omnipresencia, su origen sigue siendo un misterio.

¿Apareció junto con las primeras estrellas o ya existía antes, en los primeros instantes tras el Big Bang? Esa es la pregunta que un grupo de investigadores del CERN y la Universidad de Oxford se propuso responder.

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©Scott Lord

El nacimiento de la fuerza: bolas de plasma como las del inicio del tiempo

El estudio, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), combina simulaciones numéricas y experimentos con haces de plasma de alta energía, diseñados para recrear las condiciones del universo cuando este apenas tenía una fracción de segundo de existencia.

Durante los ensayos, los científicos observaron que pequeñas irregularidades eléctricas podían generar diminutas corrientes que, a su vez, daban lugar a campos magnéticos espontáneos. Lo más fascinante es que estos campos surgían sin necesidad de estructuras previas, bastando una mínima asimetría en la distribución de las partículas cargadas.

Este fenómeno, conocido como efecto Biermann, podría haber ocurrido naturalmente en el cosmos primitivo. Cuando el universo era una sopa ardiente de protones, electrones y fotones, cualquier fluctuación en la densidad o temperatura del plasma pudo encender los primeros destellos magnéticos que luego se expandieron y amplificaron con el paso del tiempo.

Cómo el magnetismo se extendió por el cosmos

Con la expansión del universo, esas diminutas semillas magnéticas habrían crecido hasta alcanzar dimensiones galácticas. Las corrientes del plasma primordial actuaron como un amplificador natural, extendiendo los campos a lo largo de cúmulos de galaxias y filamentos cósmicos, hasta cubrir regiones enteras del espacio.

Este hallazgo demuestra que el magnetismo no necesitó condiciones exóticas para nacer: fue una consecuencia inevitable de la física del plasma. Al reproducir este proceso en laboratorio, el equipo logró una conexión inédita entre la física de partículas y la cosmología, mostrando cómo los mismos principios que gobiernan una pequeña bola de fuego pueden explicar la estructura del universo.

Una nueva forma de entender el cosmos

Comprender el origen del magnetismo cósmico no es solo un logro teórico. Los campos magnéticos influyen en la formación de estrellas, en la evolución de las galaxias y en la propagación de la radiación cósmica. Saber cuándo y cómo surgieron podría ayudarnos a reconstruir la historia del universo desde sus primeros instantes.

Como señalan los investigadores de Oxford, cada paso en esta dirección nos acerca a una visión más completa del cosmos. Incluso en los rincones más oscuros del espacio, donde parece no haber nada, el universo vibra con fuerzas invisibles que nacieron en el mismo instante en que todo comenzó.

En definitiva, el experimento del CERN no solo encendió bolas de fuego; encendió también una nueva forma de mirar hacia atrás en el tiempo y entender que el universo, desde su primer destello, ya estaba magnetizado por el misterio

 

[Fuente: La Razón]

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