Saltar al contenido
Ciencia

Los mares del Cretácico sentían terror del pulpo Kraken que medía casi 20 metros

A diferencia de los otros invertebrados, los pulpos abandonaron sus conchas protectoras, aunque parece que ese sacrificio valió la pena.
Por Gayoung Lee Traducido por

Tiempo de lectura 3 minutos

Comentarios (0)

Hace cientos de millones de años la vida tendía a ser enorme, incluso en el caso de los insectos, que eran gigantes. Los pulpos no eran la excepción a esta regla, según lo demuestra un nuevo estudio que halló evidencia sólida de un pulpo colosal, un “kraken” de hace cien millones de años.

En un trabajo publicado hoy en Science un equipo de científicos encabezados por Shin Ikegami de la Universidad Hokkaido de Japón informa la identificación de dos especies, Nanaimoteuthis jeletzkyi y N. haggarti, que probablemente eran pulpos depredadores, gigante y con aletas, de unos 7 a 19 metros de largo. Las 15 mandíbulas fósiles tienen señales de desgaste, probablemente por masticar esqueletos duros, y eso refuta el consenso general de que los antiguos ecosistemas marinos estaban dominados por depredadores ápice vertebrados como el mosasaurio.

Diseño Sin Título (83)
© Ikegami et al., 2026

Aliens en la Tierra

Ya fueran o no del tamaño de un kraken los pulpos ya eran vistos con desconfianza por los investigadores del pasado por su extraña composición genética, al punto de que algunos los llamarían “aliens”. A diferencia de los otros invertebrados los genes del pulpo invertían menos en el desarrollo de duras conchas, y más en la capacidad de nado, la vista y la inteligencia.

Diseño Sin Título (84)
© Ikegami et al., 2026

Este “excepcional camino evolutivo” les brindó a los pulpos una ventaja para posicionarse como carnívoros de nivel medio en los ecosistemas marinos que por lo general estarían dominados por depredadores vertebrados, según este estudio.

Aunque los científicos sabían de los gigantescos fósiles que potencialmente pertenecerían a ancestros de los pulpos, no lograban identificar dónde se ubicaban en la cadena alimentaria los antiguos pulpos y eso, porque los pulpos, incluso los de aquellos tiempos, debían tener cuerpos blandos. Como consecuencia no quedaron preservadas muchas de estas criaturas gigantes a lo largo de cientos de millones de años.

Lo único que ha llegado a nuestros tiempos han sido mandíbulas y el remanente de una concha primitiva. Y como resultado era casi imposible hallar evidencia directa que alertara a los científicos de su presencia, como podría suceder con el contenido del estómago en otros animales.

Krakens inteligentes

En el nuevo estudio el equipo decidió trabajar desde un ángulo diferente. Volvieron a analizar 27 mandíbulas fósiles de gran tamaño que se suponía tenían que ver con pulpos recogidas en sedimentos del período Cretácico (hace 145 a 66 millones de años) en Japón y la Isla Vancouver. Se centraron en características de desgaste muy notorias en las mandíbulas, como partes astilladas, grietas por rasguño, o esmalte gastado que no habían tenido su causa en la erosión por el tiempo o por haber sido utilizadas para investigaciones científicas.

Diseño Sin Título (85)
© Ikegami et al., 2026

Con todo, hallaron que los patrones de desgaste se condicen con los que se observan en los pulpos y sepias de nuestros tiempos, que indicaba que era «evidencia confiable de durofagia [comer animales con conchas duras*, en el más amplio sentido de fósiles cefalópodos carnívoros. Estos patrones también aparecían en los especímenes de individuos supuestamente más jóvenes y en las mandíbulas fósiles de calamares.

Diseño Sin Título (86)
© Ikegami et al., 2026

Las largas rajaduras como de rasguño a lo largo de las mandíbulas reflejaban el uso dinámico de la mandíbula entera para poder triturar a una presa”, indica el equipo en su trabajo. Y “la pérdida asimétrica de los bordes de la mandíbula sugiere una conducta lateralizada, vinculada a un cerebro y cognición altamente desarrollados”.

Es decir que estos pulpos gigantescos no masticaban cualquiera cosa que se les cruzara, sino que conocían la mejor forma de aplastar a su presa y romperla para poder digerirla. Esa inteligencia brutal fue la que pasaron a sus descendientes, los pulpos modernos.

Compartir esta historia

Artículos relacionados