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Tecnología

El futuro distópico de la vida laboral: monitoreo del cerebro

Los defensores afirman que la neurotecnología podría mejorar el crecimiento económico y mejorar la sociedad. Otros dicen que daría lugar a la inequidad, minando la democracia, entre otras consecuencias.
Por Rose Pastore Traducido por

Tiempo de lectura 5 minutos

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A pesar de toda la atención que se pone en tecnologías que reducen el trabajo directo de los humanos – como los vehículos autónomos, los trabajadores robot, la inteligencia artificial, y más  – quienes investigan la neuroergonomía utilizan tecnologías para mejorar el desempeño de los humanos en sus áreas de trabajo. 

La neuroergonomía es el estudio de la conducta humana mientras se cumplen actividades en el mundo real, incluyendo el lugar de trabajo. Implica registrar la actividad del cerebro de la persona en diferentes situaciones, o mientras cumple determinadas tareas, con el fin de optimizar el desempeño cognitivo. Por ejemplo, la neuroergonomía podría monitorear a los empleados que están en entrenamiento para determinar si dominan lo que aprendieron. También podría monitorear la fatiga en los empleados, en puestos que requieren de vigilancia óptima, para determinar cuándo deben tomarse un descanso y ser relevados. 

Hasta ahora la investigación en neuroergonomía solo podía realizarse en entornos de laboratorios con estricto control clínico y procedimientos invasivos. Pero los avances de la ingeniería hicieron que sea posible hacerlo en el mundo real, con dispositivos no invasivos que la persona puede llevar encima. El mercado para esta neurotecnología – definida como tecnología en interfaz con el sistema nervioso – podría crecer hasta U$ 21 mil millones para 2026 y está pronto para cambiar la vida diaria de los trabajadores en muchos sectores de la industria en los próximos años.

Sin embargo, son avances que traen riesgos aparejados. 

En mi trabajo como ingeniero biomédico y doctor en medicina ocupacional, estudio cómo mejorar la salud, bienestar y productividad de los trabajadores. La neurotecnología a menudo se centra en cómo podrían utilizar dispositivos los trabajadores para el monitoreo del cerebro mientras trabajan, con el fin de mejorar su rendimiento y función cerebral. Pero la neuroergonomía también podría usarse para entender mejor la experiencia humana en el trabajo y adaptar las tareas y procedimientos a la persona, y no al revés. 

Captar la actividad del cerebro

Los dos dispositivos neuroergonómicos más utilizados se llevan puestos, y captan la actividad cerebral de diferentes maneras. El electroencefalograma o EEG mide los cambios en la actividad eléctrica utilizando electrodos que se colocan sobre el cuero cabelludo. La espectroscopía funcional de infrarrojo cercano mide los cambios en la actividad metabólica, pasando luz infrarroja por el cráneo para monitorear el flujo sanguíneo. 

Los dos métodos pueden monitorear la actividad del cerebro en tiempo real, a medida que responde a diferentes situaciones como una tarea de mucha presión o que es muy difícil de cumplir. Por ejemplo, un estudio que utilizó la espectroscopía funcional para monitorear la actividad cerebral de personas que debían prestar atención sostenida durante 30 minutos a una tarea, encontró diferencias significativas en el tiempo de reacción entre el inicio y el final de la tarea. Es algo que puede ser crítico en puestos relacionados con la seguridad y que requieren atención sostenida, como la tarea de los controladores de tráfico aéreo, o los agentes de policía.

La neuroergonomía también estudia cómo podría usarse la estimulación cerebral para mejorar la actividad del cerebro. Se incluyen tecnologías de neuromodulación como la estimulación eléctrica transcraneal o rES; la estimulación magnética transcraneal o TMS, o la estimulación por ultrasonido o FUS. Los estudios han demostrado que aplicar la tES mientras se aprende una tarea de entrenamiento cognitivo puede llevar a mejoras inmediatas en el desempeño, que incluso al día siguiente persisten. Otro estudio halló que la tES también puede ayudar a mejorar el rendimiento en tareas que implican el uso de capacidades motrices, con aplicación potencial en el entrenamiento de cirujanos, las tareas militares y el desempeño de los atletas. 

Las preguntas éticas

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©Jacob Schröter/picture alliance via Getty Images

El uso de la  neurotecnología en el lugar de trabajo tiene implicancias globales, y apuesta fuerte. Los defensores dicen que la neurotecnología puede alentar el crecimiento económico y mejorar a la sociedad. Pero los que están en contra advierten que podría fomentar la inequidad, y afectar a la democracia, entre otras posibles consecuencias.

Surgen muchas preguntas éticas en los inicios de la era del monitoreo cerebral individualizado. Y las respuestas requieren de que todos juntos puedan participar: trabajadores, profesionales en salud ocupacional, abogados, funcionarios del gobierno, científicos, profesionales de la ética, y más. 

Por ejemplo: ¿cómo habría que proteger los datos de la actividad cerebral de una persona? Hay razón para sospechar que los datos de la actividad cerebral no estarían cubiertos por la ley de confidencialidad porque no se considera que sean datos médicos o de salud. Podrían requerir regulaciones adicionales sobre temas de privacidad. 

Además ¿tiene derecho el empleador a pedir que los trabajadores cumplan con el uso de dispositivos neuroergonómicos? Hay leyes sobre la información genética y la discriminación que impiden que se discrimine a los trabajadores por sus datos tenéticos. La legislación debería proteger a los que se niegan a permitir que se recaben datos sobre su cerebro, para que no sean despedidos o se les niegue el seguro de salud. 

Protección para los trabajadores

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©undefined undefined/iStock via Getty Images Plus

Los datos que recoge la neurotecnología podrían usarse de modo que ayuden o perjudiquen al trabajador. Y hay potencial para el abuso que no se debe ignorar. 

Los empleadores podrían usar la neurotecnología para diagnosticar enfermedades relacionadas con el cerebro que podrían llevar al tratamiento médico, pero también a la discriminación. También podrán monitorear cómo responde cada trabajador a distintas situaciones, recogiendo entonces datos sobre su conducta, y esto podría afectar su posición como empleado, o su seguro. 

Así como las computadoras e Internet han transformado nuestras vidas, las neurotecnologías en el lugar de trabajo podrían causar cambios más profundos todavía en las próximas décadas. Son tecnologías que podrán permitir una integración más natural entre los cerebros de los trabajadores y sus entornos de trabajo, mejorando la productividad pero también dando lugar a muchas cuestiones de la neuroética. 

Por eso todos deben participar de esta conversación para asegurar que hay protección para todos, y que se crean entornos de trabajo más seguros, que apuntan a resolver los desafíos del mañana.

Paul Brandt-Rauf, Profesor y decano de ingeniería biomédica, Drexel University

Este artículo se reproduce desde The Conversation bajo licencia Creative Commons. El artículo original está aquí.

 

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