Lo que alguna vez imaginamos en películas futuristas ahora se ensambla en cadenas de producción reales. Según UBS, para finales de este año habrá más de 300 millones de robots humanoides activos en el planeta. Este cambio, tan profundo como discreto, está a punto de alterar cómo trabajamos, cuidamos, envejecemos… y convivimos con las máquinas.
Robots humanoides: de la línea de montaje al salón de casa

Los robots con forma humana ya no son una rareza tecnológica, sino una solución práctica frente a la escasez de mano de obra y el envejecimiento de la población. Ya se emplean en procesos industriales, como en las fábricas de Tesla y BMW, y están empezando a asumir tareas complejas en logística, salud y atención a mayores.
Según UBS, entre 2025 y 2027 veremos su integración masiva en manufactura; entre 2028 y 2030, en servicios y sanidad. Y hacia 2035, millones llegarán a los hogares. Sin embargo, este “momento coche eléctrico” —una adopción masiva a precios accesibles— aún no ha llegado. Para ello, la inteligencia artificial deberá evolucionar y los costos seguir cayendo: de hasta 250.000 dólares por unidad en 2023, algunos ya han bajado a 30.000. Las proyecciones para 2035 apuntan a cifras tan bajas como 13.000 dólares.
China lidera, Estados Unidos responde y Europa se pone en marcha

El liderazgo en esta carrera global tiene nombre claro: China. Controla casi la mitad del ensamblaje mundial y domina más del 60% de la cadena de suministro. Empresas como Unitree, AgiBot o Engine AI empujan el desarrollo desde dentro.
Estados Unidos, con Tesla o Boston Dynamics, se enfoca en integrar IA avanzada, aunque depende fuertemente de componentes chinos. Corea del Sur y Japón siguen de cerca, el primero con grandes alianzas industriales y el segundo con cinco décadas de experiencia centrada en resolver desafíos sociales como el envejecimiento. Europa, más rezagada, apuesta por la inversión público-privada en salud y manufactura para no quedar atrás.
¿Progreso o amenaza? La pregunta que nadie puede evitar
A pesar del entusiasmo tecnológico, no todos los datos son alentadores. Según McKinsey, hasta 375 millones de personas podrían tener que cambiar de empleo para 2030, y unos 20 millones de puestos manufactureros podrían desaparecer. El Foro Económico Mundial ofrece un balance más optimista: 85 millones de trabajos serán reemplazados, pero surgirán 97 millones nuevos ligados a la robótica y los servicios digitales.
El hardware aún está en evolución —especialmente actuadores y manos robóticas— y la IA que los guía dista de ser perfecta. Pero la dirección es clara. Estamos presenciando un cambio estructural a escala global, uno que no llega con estruendo, sino como un Big Bang silencioso. Y lo que está por venir, apenas empieza a tomar forma.