En un mundo donde los avances médicos no dejan de sorprendernos, hay algo que sigue siendo insustituible: el ejercicio regular. Según un nuevo estudio respaldado por el reconocido cirujano cardiovascular Dr. Steven Gundry, la actividad física puede ser una de las herramientas más poderosas para prevenir enfermedades neurodegenerativas. Para las mujeres a partir de los 40 años, el impacto puede ser tan fuerte como reducir el riesgo de Alzheimer en hasta un 90 %.
Lo que reveló el Dr. Gundry: la actividad como medicina preventiva

El Dr. Steven Gundry, conocido por su enfoque integral de la salud, compara el ejercicio diario con una “pastilla mágica” contra las enfermedades crónicas del envejecimiento. “Si existiera un medicamento capaz de reducir en un 90 % el riesgo de Alzheimer, estaría agotado en todas las farmacias del mundo”, afirmó. Pero en realidad, ese ‘medicamento’ existe y no cuesta más que un poco de constancia: moverse, caminar, limpiar, trabajar en el jardín o salir a pasear al perro.
Gundry sostiene que no es necesario pagar una membresía de gimnasio o seguir rutinas exigentes. Actividades cotidianas como fregar el suelo pueden ser tan efectivas como una sesión de entrenamiento si se realizan con regularidad. De hecho, pone como ejemplo a su propia madre, que hasta los 90 años mantenía el hábito de limpiar el suelo como parte de su rutina diaria.
El estudio que respalda la teoría: moverse retrasa la demencia hasta 11 años

Un estudio publicado en la revista Neurology titulado “Midlife cardiovascular fitness and dementia” reforzó con evidencia científica esta afirmación. En él, se analizó la relación entre la aptitud cardiovascular y el riesgo de demencia en 191 mujeres con una edad promedio de 50 años.
Durante una prueba de bicicleta, se midió la capacidad física de cada participante y se las dividió en tres grupos: alta, media y baja condición física. Luego de un seguimiento de más de 40 años, los resultados fueron contundentes:
- Solo el 5 % de las mujeres con alta aptitud física desarrolló demencia.
- En el grupo con condición física media, el 25 % presentó signos de demencia.
- En el grupo con menor aptitud, el 32 % padeció la enfermedad.
Las mujeres con buena condición física no solo mostraron un 88 % menos de probabilidades de desarrollar demencia, sino que, en los casos en que sí apareció, lo hizo aproximadamente 11 años más tarde que en las demás.
¿Por qué el ejercicio protege el cerebro?
La actividad física regular estimula la circulación, reduce la inflamación, mejora el estado de ánimo y regula hormonas del estrés como el cortisol. Todo esto influye directamente en la salud del cerebro. Además, se ha demostrado que el ejercicio mejora la neurogénesis (la creación de nuevas neuronas) y promueve conexiones neuronales más fuertes.
Helena Hörder, autora del estudio y profesora de la Universidad de Gotemburgo, destacó que “mejorar la condición física en la mediana edad podría ser una estrategia poderosa para prevenir o retrasar la aparición de la demencia”.
La clave: constancia y movimiento, no perfección
El mensaje es claro: no es necesario correr maratones ni levantar pesas todos los días. Lo importante es evitar el sedentarismo. Subir escaleras, caminar al trabajo, hacer tareas del hogar o practicar un deporte recreativo son suficientes si se hacen con frecuencia.
Y si aún no te has planteado integrar más movimiento en tu vida diaria, recuerda las palabras del Dr. Gundry: “Moverse todos los días no es una opción estética o de fitness. Es, literalmente, una forma de preservar tu mente”.