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Ciencia

El hallazgo de un mineral misterioso en Marte ofrece nuevas claves sobre su pasado volcánico y geotérmico

Científicos identificaron una señal espectral única que reveló la presencia de hidroxosulfato férrico, un mineral que se forma bajo calor extremo y ambientes oxidantes. Este descubrimiento permite reconstruir los pulsos térmicos y las condiciones que moldearon la superficie marciana hace miles de millones de años.
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Un destello en el espectro marciano

Todo comenzó con un número aparentemente irrelevante: 2,236 micras.
Durante años, esa pequeña anomalía en los datos del espectrómetro CRISM, a bordo de una nave orbital de la NASA, desconcertó a los científicos. Ningún mineral conocido en Marte reflejaba la luz de esa manera.
Pero detrás de esa señal se escondía un testigo del antiguo calor marciano.

Un estudio publicado en Nature Communications resolvió el enigma al identificar el responsable: el hidroxosulfato férrico (Fe³⁺SO₄OH). Este mineral solo puede formarse cuando compuestos de hierro y azufre hidratados son sometidos a temperaturas elevadas y procesos de oxidación, lo que demuestra que el planeta rojo experimentó episodios de intensa actividad térmica.


Las regiones donde Marte guarda sus huellas térmicas

La extraña señal apareció en dos zonas específicas: Aram Chaos y el altiplano de Juventae, dentro del sistema de Valles Marineris, uno de los cañones más vastos del Sistema Solar.
Allí, los espectros revelaron no solo el pico característico de 2,236 micras, sino también otras bandas complementarias —a 1,49; 1,83; 2,19; 2,37; 2,61 y 2,89 micras— que confirmaron la identidad del mineral.

En Aram Chaos, el patrón se observó con gran pureza junto a sulfatos monohidratados, mientras que en Juventae aparecía mezclado con compuestos polihidratados.
Esa diferencia, explican los investigadores, refleja historias térmicas distintas: una impulsada desde el subsuelo por calor geotérmico, y otra desde la superficie por lava y ceniza volcánica.


Cómo se forja un termómetro mineral

Para comprender el proceso, el equipo liderado por J. L. Bishop replicó las condiciones del Marte primitivo en laboratorio.
Calentaron sulfatos ferrosos hidratados —como la rozenita y la szomolnokita— entre 100 y 300 °C en presencia de oxígeno.
El resultado fue un sólido anaranjado con la misma huella espectral observada desde la órbita marciana.

El experimento demostró tres factores esenciales en la historia del planeta:

  1. Calor: necesario para iniciar la reacción de transformación mineral.

  2. Agua: que acelera la conversión y facilita la movilidad de iones.

  3. Oxígeno: sin él, la reacción no progresa y no se forma Fe³⁺.

La presencia simultánea de estos elementos convierte al hidroxosulfato férrico en un termómetro natural de la antigua actividad geotérmica y volcánica de Marte.


Dos historias de fuego: Aram Chaos y Juventae

En Aram Chaos, el mineral se encuentra bajo capas de sulfatos, cerca del lecho rocoso. Esto indica un calentamiento desde abajo, vinculado a procesos geotérmicos y a la presencia de agua líquida atrapada en fracturas profundas.
Los científicos creen que esta región fue escenario de catástrofes hidrotérmicas ocurridas hace unos 3.000 millones de años.

Por el contrario, en Juventae, el mineral aparece sobre los depósitos sulfáticos, intercalado con basalto.
Allí, la fuente de calor habría sido volcánica o superficial, generada por flujos de lava o capas de ceniza caliente.
Erosión y viento expusieron luego estas capas, que hoy brillan como parches anaranjados en la superficie marciana.


Un planeta que respiró calor y oxidación

El descubrimiento sugiere que el Marte antiguo no fue un desierto estático, sino un mundo dinámico, con pulsos térmicos localizados capaces de alterar químicamente su superficie.
En esos lugares, el agua salina, el calor y el oxígeno coexistieron temporalmente, creando condiciones propicias para reacciones complejas.

Aunque no implica la existencia de vida, el hallazgo demuestra que Marte tuvo la energía necesaria para sostener procesos geoquímicos avanzados.
El estudio también muestra cómo los minerales actúan como cápsulas del tiempo: cada uno conserva en su estructura los rastros de temperatura, presión y oxidación que marcaron su origen.


Un nuevo mapa para futuras misiones

La detección del hidroxosulfato férrico redefine los objetivos de la exploración marciana.
Las misiones futuras —como los orbitadores de alta resolución y los rovers de próxima generación— podrían utilizar estas señales como indicadores de antiguos focos geotérmicos, lugares donde el calor y el agua podrían haber interactuado durante largos periodos.

“Estos minerales son los fósiles térmicos de Marte”, resume el equipo de Nature Communications.
Leerlos correctamente podría ofrecer la cronología más precisa hasta ahora sobre la actividad volcánica y el ciclo del agua en el planeta rojo.

Fuente: Infobae.

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