Durante varias décadas, la ciencia ha explorado meteoritos como posibles portadores de vida o de compuestos orgánicos llegados desde el espacio. Pero, ¿qué ocurre cuando la propia Tierra contamina estas rocas? Investigadores en Atacama descubrieron que los meteoritos pueden volverse hogares microbianos en nuestro planeta, complicando los intentos por encontrar vida extraterrestre genuina.
Una roca del espacio, colonizada en la Tierra

El meteorito El Médano 464, una condrita carbonácea hallada en el año 2019 en el desierto de Atacama, fue el foco de un estudio que buscaba determinar si sus compuestos orgánicos tenían un origen biológico o no. A pesar de las condiciones extremas del entorno —una de las zonas más áridas del planeta—, los análisis revelaron una elevada concentración de lípidos, especialmente ácidos grasos.
La clave de este descubrimiento estuvo en los isótopos de carbono presentes: el enriquecimiento en ¹²C indicó una fuente biológica. Además, los análisis de ADN confirmaron la presencia de bacterias típicas del desierto, lo que sugiere que el meteorito fue colonizado por microorganismos locales. Increíblemente, estas bacterias se encontraron incluso en lo profundo de la roca.
Un refugio natural en medio del desierto

Más allá de la contaminación, el hallazgo puso de relieve un fenómeno inesperado: la composición bacteriana dentro del meteorito era más diversa que en el suelo circundante. Esto sugiere que las rocas espaciales, una vez en la Tierra, pueden convertirse en hábitats ideales para la vida microbiana, ofreciendo protección frente a la radiación UV, las temperaturas extremas y la sequedad que caracteriza al desierto.
El viento también desempeña un papel importante, al actuar como vehículo de dispersión de microorganismos adheridos al polvo. Así, estos llegan a colonizar incluso las partes internas de las rocas extraterrestres. De este modo, el meteorito se convierte en un ecosistema inesperado en plena Tierra.