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Ciencia

Durante décadas fue considerada una ciudad romana fracasada tras caer ante Roma. Ahora un estudio arqueológico sostiene que Veyes en realidad sobrevivió gracias a una sorprendente resiliencia comunitaria

La antigua ciudad de Veyes pasó siglos siendo utilizada como ejemplo de decadencia urbana en el mundo romano. Pero una nueva investigación arqueológica asegura que esa interpretación podría estar equivocada: sus habitantes no desaparecieron tras la conquista de Roma, sino que aprendieron a sobrevivir reinventando su comunidad.
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Hay ciudades antiguas que la historia convierte en advertencias. Lugares que, vistos desde el presente, parecen representar el fracaso, la pérdida o el colapso de una civilización. Durante décadas, Veyes fue una de ellas.

Ubicada a apenas 17 kilómetros al norte de Roma, esta enorme ciudad etrusca dominó parte del centro de Italia antes de ser conquistada por los romanos en el año 396 antes de Cristo. Después de aquella derrota, la arqueología tradicional describió su destino con una narrativa bastante simple: reducción urbana, pérdida económica y decadencia progresiva. Una potencia convertida en periferia.

Pero un nuevo estudio publicado en la revista Antiquity acaba de desmontar buena parte de esa visión histórica. Según la investigadora Adeline Hoffelnck, de la Universidad Radboud en Países Bajos, Veyes no fue una “ciudad fracasada”. Fue algo mucho más complejo: una comunidad que aprendió a adaptarse.

El problema de medir el pasado con criterios modernos

Durante décadas fue considerada una ciudad romana fracasada tras caer ante Roma. Ahora un estudio arqueológico sostiene que Veyes en realidad sobrevivió gracias a una sorprendente resiliencia comunitaria
© A. Hoffelinck 2026.

Durante mucho tiempo, los arqueólogos analizaron Veyes comparando dos imágenes opuestas. Por un lado, la gran capital etrusca de casi 190 hectáreas, poderosa y rica antes de la llegada de Roma. Por otro, una pequeña ciudad romana de apenas 20 hectáreas, con menos monumentos y menor peso político.

La conclusión parecía inevitable: Veyes había colapsado. El problema, según Hoffelnck, es que esa interpretación depende demasiado de una idea moderna sobre qué significa que una ciudad tenga “éxito”. Crecimiento económico, expansión territorial, aumento de población y monumentalidad urbana. Exactamente los mismos parámetros que hoy se utilizan para evaluar ciudades contemporáneas. Pero la vida de las comunidades antiguas no siempre funcionaba bajo esa lógica.

La investigadora plantea una pregunta incómoda: ¿realmente los habitantes de la Veyes romana se percibían a sí mismos como ciudadanos de una ciudad derrotada? ¿O esa sensación de decadencia pertenece más a la mirada moderna que a la experiencia real de quienes vivían allí? La cuestión es importante porque cambia completamente el foco del análisis arqueológico. En vez de observar únicamente cuánto se redujo la ciudad, Hoffelnck propone estudiar cómo reaccionó la población ante el cambio político y económico impuesto por Roma. Y lo que encontró altera bastante la historia tradicional.

Los habitantes de Veyes no abandonaron la ciudad: la reorganizaron

Durante décadas fue considerada una ciudad romana fracasada tras caer ante Roma. Ahora un estudio arqueológico sostiene que Veyes en realidad sobrevivió gracias a una sorprendente resiliencia comunitaria
© Arrecaballo.

A pesar de la pérdida de relevancia regional, la arqueología muestra que Veyes siguió siendo un espacio dinámico durante siglos. Los santuarios religiosos, por ejemplo, continuaron activos mucho después de la conquista romana. En lugares como Portonaccio o Macchiagrande aparecieron ofrendas, inscripciones y altares que mezclaban divinidades etruscas y romanas, señal de que la población local no abandonó sus tradiciones, sino que comenzó a fusionarlas con las nuevas estructuras culturales impuestas por Roma.

Ese mestizaje religioso revela algo importante: Veyes no desapareció como comunidad. Cambió. Uno de los ejemplos más llamativos aparece en los complejos termales vinculados a aguas curativas. La ciudad estaba rodeada de manantiales naturales y los habitantes transformaron esos recursos en centros sociales, terapéuticos y religiosos que siguieron creciendo incluso en época imperial.

En el santuario de Campetti Suroeste, por ejemplo, los arqueólogos encontraron piscinas, cisternas, baños y espacios monumentales asociados al culto de divinidades relacionadas con la salud y el agua. Las inscripciones halladas allí muestran además la convivencia de habitantes locales, colonos romanos e incluso migrantes llegados desde otras regiones de Italia. La ciudad ya no era la gran potencia etrusca del pasado. Pero seguía funcionando.

La verdadera historia quizá no sea la caída de Veyes, sino su capacidad de adaptación

Durante décadas fue considerada una ciudad romana fracasada tras caer ante Roma. Ahora un estudio arqueológico sostiene que Veyes en realidad sobrevivió gracias a una sorprendente resiliencia comunitaria
© A. Hoffelinck 2026.

Uno de los hallazgos más interesantes del estudio tiene que ver con cómo los vecinos organizaban la vida colectiva. Inscripciones romanas descubiertas en el yacimiento mencionan dos grandes grupos comunitarios: los intramurani, que vivían dentro de las murallas, y los extramurani, establecidos fuera de ellas. Ambos colaboraban en la financiación de obras públicas, espectáculos y monumentos.

Lo fascinante es que estas actividades no eran impulsadas exclusivamente por el poder romano central, sino también por redes locales de cooperación. Asociaciones vecinales, grupos religiosos y ciudadanos organizados recaudaban dinero durante eventos públicos en el teatro para financiar proyectos comunes. En otras palabras: incluso siendo una ciudad más pequeña y menos poderosa, Veyes seguía produciendo cohesión social. Y ahí aparece el concepto central del estudio: la resiliencia comunitaria.

Hoffelnck utiliza esta idea (tomada de disciplinas como la ecología y la psicología social) para explicar cómo una comunidad puede sobrevivir a enormes cambios políticos o económicos reorganizando sus recursos, sus vínculos sociales y sus tradiciones culturales. Veyes perdió tamaño. Perdió influencia. Pero no perdió completamente su identidad.

La arqueología empieza a mirar las ciudades antiguas de otra manera

El caso de Veyes podría tener implicaciones mucho más amplias para la arqueología urbana. Durante décadas, muchos asentamientos antiguos fueron clasificados simplemente como “éxitos” o “fracasos” dependiendo de si crecían o disminuían. Pero esta nueva investigación sugiere que esa visión puede ser demasiado simplista y profundamente influida por obsesiones modernas relacionadas con el crecimiento económico permanente. Quizá algunas ciudades antiguas no colapsaron realmente. Quizá simplemente cambiaron de escala, de prioridades o de forma de organización.

En Veyes, mientras las murallas etruscas seguían parcialmente en pie, las aguas termales continuaban utilizándose, los rituales religiosos evolucionaban y los vecinos seguían reuniéndose para financiar espacios públicos. La ciudad ya no dominaba la región, pero tampoco había desaparecido. Y tal vez ahí esté el verdadero hallazgo de este estudio: demostrar que sobrevivir no siempre significa seguir creciendo. A veces, simplemente significa encontrar nuevas maneras de permanecer.

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