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El inglés bajo sospecha: Por qué estudiar el idioma de Shakespeare podría costarte cinco años de cárcel

Una nueva ley impulsada convierte en potencial delito algo tan cotidiano como aprender inglés. La decisión de vetar al British Council y endurecer el control cultural desata una oleada de preocupación entre estudiantes y docentes en este país. Las consecuencias podrían ser más profundas de lo que parecen.

En el contexto de creciente tensión entre Rusia y Occidente, el gobierno de Vladimir Putin ha dado un paso más en su estrategia de control ideológico. Esta vez, el blanco no son armas ni empresas, sino el idioma inglés. Un nuevo decreto ha prohibido oficialmente al British Council operar en territorio ruso y podría penalizar a quienes estudien o enseñen el idioma con hasta cinco años de prisión.

Un veto que va más allá del idioma

El inglés bajo sospecha: por qué estudiar el idioma de Shakespeare podría costarte cinco años de cárcel en Rusia
© Unsplash – Jon Tyson.

La medida del Kremlin no es un hecho aislado. El British Council, organización británica dedicada a la difusión de la cultura y la educación, fue señalado como “amenaza para la seguridad nacional”. La prohibición forma parte de una política más amplia de aislamiento cultural y censura de influencias extranjeras, especialmente occidentales.

Desde el estallido de la guerra en Ucrania, el gobierno ruso ha endurecido su discurso contra todo lo que considera “propaganda foránea”. El idioma inglés, por su relevancia global y su vínculo con medios de comunicación y universidades occidentales, ha quedado en el centro de la polémica. El veto al British Council, que ya había sido restringido en años anteriores, ahora alcanza un nuevo nivel de represión.

Cinco años de cárcel por una clase

El aspecto más alarmante de esta nueva política es la criminalización directa del aprendizaje del inglés si se considera vinculado a organizaciones extranjeras. Quienes participen en cursos o actividades respaldadas por entidades como el British Council podrían enfrentar hasta cinco años de prisión, según estipula el nuevo marco legal aprobado por el Parlamento ruso.

Esto ha generado un clima de temor e incertidumbre en centros educativos y entre estudiantes que ven limitadas sus oportunidades de desarrollo internacional. Profesores que dictaban clases en inglés o colaboraban con entidades británicas han comenzado a cerrar sus programas, temiendo consecuencias penales.

Un cierre simbólico y estratégico

El inglés bajo sospecha: por qué estudiar el idioma de Shakespeare podría costarte cinco años de cárcel en Rusia
© Unsplash – Buse Doga Ay.

Más allá del idioma, el cierre del British Council en Rusia representa un golpe a los canales de diálogo cultural entre Moscú y el mundo occidental. Esta ruptura subraya el aislamiento progresivo del país, no solo en el plano económico y militar, sino también en el ámbito intelectual y educativo.

Al cortar estos lazos, el Kremlin refuerza una narrativa nacionalista y autárquica que ya permea todos los niveles del Estado. En este nuevo escenario, aprender inglés —una herramienta clave para acceder al conocimiento global— se convierte en un acto subversivo.

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