Cada día consumimos productos que contienen ingredientes casi invisibles para el ojo (y el paladar), pero que cumplen funciones clave en textura, conservación y aspecto. Uno de estos elementos es el pululano, un polisacárido cuya seguridad acaba de ser revisada por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria. Su origen, sus posibles nuevos usos y las dudas que aún despierta entre algunos consumidores hacen que merezca una mirada más atenta.

Qué es el pululano y por qué importa
El pululano, también conocido como E 1204, es un polisacárido producido mediante la fermentación del hongo Aureobasidium pullulans. Se utiliza habitualmente como recubrimiento de cápsulas y tabletas en suplementos dietéticos, ya que tiene propiedades espesantes y forma una película protectora que lo convierte en un recubrimiento eficaz.
Recientemente, la EFSA ha evaluado la posibilidad de extender su uso a otros alimentos, como cereales precocidos, productos lácteos alternativos, chicles, huevos procesados y ciertos tipos de mantequilla. Su capacidad para proteger frente a la oxidación lo vuelve especialmente útil en estas aplicaciones.
La científica Laura Ruggeri destaca que, al ser de origen vegetal, el pululano también representa una alternativa interesante frente a ingredientes de procedencia animal, lo que podría suponer una ventaja para el desarrollo de productos veganos o con etiqueta “limpia”.

Seguridad, controversias y reevaluaciones
Los expertos de la EFSA concluyeron que el pululano es seguro para el consumo humano. Su producción parte de un microorganismo inofensivo y, además, el organismo lo descompone sin dificultades. Los estudios disponibles no han mostrado toxicidad ni riesgos genéticos.
Sin embargo, como con otros polisacáridos, el consumo excesivo —más de 10 gramos diarios— puede provocar efectos secundarios leves como hinchazón o gases. Pese a ello, no se ha establecido una Ingesta Diaria Admisible (IDA) porque no representa un peligro en niveles de consumo normales.
Más allá de la ciencia, persisten ciertas resistencias sociales. Algunas personas siguen viendo con recelo los aditivos identificados por los conocidos “números E”. Parte de esa desconfianza proviene de un famoso bulo difundido en 1976 desde Villejuif (Francia), que catalogaba erróneamente los aditivos como peligrosos. Aunque hoy se sabe que ese listado carecía de fundamento, la sombra de la desinformación todavía permanece.
Fuente: La Vanguardia.