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Ciencia

El James Webb fotografía la muerte de una estrella a 5.000 años luz. La “Nebulosa del León” está siendo destruida desde dentro y desaparecerá en unos 10.000 años

La nueva imagen infrarroja de NGC 2392 muestra una enana blanca abrasando y remodelando el material que expulsó antes de morir. Webb ha conseguido ver nudos de polvo, burbujas y estructuras similares a colas de cometa que Hubble apenas podía distinguir hace 26 años.
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A unos 5.000 años luz de la Tierra, en dirección a la constelación de Géminis, una estrella está protagonizando una muerte extraordinariamente fotogénica. Lo que queda de ella aparece ahora en el centro de una de las imágenes más llamativas publicadas recientemente por el telescopio espacial James Webb.

El objeto se llama NGC 2392, también conocido como Caldwell 39 y apodado actualmente Nebulosa del León. NASA y ESA publicaron el 10 de agosto de 2026 nuevas observaciones realizadas con NIRCam y MIRI, los instrumentos de infrarrojo cercano y medio del Webb. La combinación permite contemplar con enorme detalle una estructura que recuerda a la cabeza de un león rodeada por una enorme melena. Pero detrás de esa apariencia hay algo mucho más violento: el cadáver de una estrella está modificando continuamente todo lo que la rodea.

NASA sitúa NGC 2392 a unos 5.000 años luz y señala que Hubble ya fotografió esta nebulosa planetaria en 2000. Aquella observación reveló una compleja envoltura de gas alrededor de la estrella moribunda; Webb, 26 años después, está viendo partes de esa estructura en el infrarrojo con mucha mayor claridad.

La pequeña “nariz” del león es en realidad el cadáver extremadamente caliente de una estrella

El James Webb fotografía la muerte de una estrella a 5.000 años luz. La “Nebulosa del León” está siendo destruida desde dentro y desaparecerá en unos 10.000 años
© NASA, ESA, CSA, STScI; Image Processing: Alyssa Pagan (STScI).

El punto brillante situado justo en el centro de la imagen parece casi insignificante frente al resto de la nebulosa. En realidad es el responsable de prácticamente todo lo que vemos.

NGC 2392 nació cuando una estrella de masa relativamente baja agotó las reacciones nucleares capaces de sostenerla. En lugar de explotar como una supernova, comenzó a volverse inestable y expulsó progresivamente sus capas exteriores, creando enormes envolturas de gas y polvo.

En el centro quedó su núcleo desnudo: una enana blanca extremadamente caliente y rica en oxígeno. Su intensa radiación continúa golpeando el material expulsado y produce una burbuja de gas ionizado que constituye buena parte de la aparente “cara” del león. Esa burbuja sigue expandiéndose. Y a medida que avanza, destruye parte del polvo que encuentra a su paso.

NASA admite que todavía no se comprende por completo por qué el material barrido acaba formando una arquitectura tan compleja de anillos, capas y burbujas, algo que también aparece en otras nebulosas planetarias.

Webb ha encontrado zonas de polvo capaces de resistir la radiación de la estrella muerta

El James Webb fotografía la muerte de una estrella a 5.000 años luz. La “Nebulosa del León” está siendo destruida desde dentro y desaparecerá en unos 10.000 años
© Unsplash / NASA.

La “melena” que rodea el centro tampoco es una única nube homogénea. Las observaciones infrarrojas muestran que se trata del interior de una gran envoltura de polvo iluminada por la enana blanca. En sus extremos aparecen pequeñas concentraciones densas que desarrollan estructuras parecidas a mechones o colas de cometa.

Son regiones particularmente resistentes. Mientras una parte del polvo está siendo destruida por la radiación, estos nudos compactos consiguen sobrevivir e incluso actúan como escudos, protegiendo el material situado detrás de ellos. La imagen obtenida exclusivamente con MIRI permite distinguir especialmente bien esas diferencias en la distribución del polvo.

NIRCam y MIRI, además, no observan exactamente lo mismo. El Webb combinó información en distintas longitudes de onda infrarrojas, incluyendo emisiones asociadas al hidrógeno molecular, hidrocarburos aromáticos y silicatos, para reconstruir las diferentes capas del objeto.

Estamos viendo una estructura gigantesca que ya ha comenzado a desaparecer

La fotografía tiene algo extraño: parece inmortal, pero representa una fase astronómicamente fugaz. El gas y el polvo llevan varios miles de años construyendo la forma que vemos actualmente, mientras la radiación y los vientos de la estrella central continúan empujándolos hacia el espacio. Webb ha conseguido congelar un instante de ese proceso, pero la nebulosa sigue expandiéndose mientras la observamos. Y el león tiene fecha de caducidad.

Los astrónomos estiman que NGC 2392 terminará dispersándose dentro de aproximadamente 10.000 años. Para nosotros es una eternidad; en la vida del universo, apenas un instante. Cuando ocurra, su melena, sus anillos y las extrañas colas de polvo dejarán de formar una estructura reconocible.

Eso convierte la nueva imagen del James Webb en algo más que una fotografía espectacular. Estamos contemplando los restos de una estrella mientras destruyen lentamente la propia obra que su muerte creó: una figura de gas y polvo que necesitó miles de años para formarse y que, dentro de otros 10.000, habrá desaparecido casi por completo.

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