Hay asteroides que pasan cerca de la Tierra constantemente. Lo que ocurrirá con Apophis el 13 de abril de 2029 pertenece a otra categoría.
El asteroide 99942 Apophis, una roca de unos 340 metros de diámetro medio y con un eje largo de al menos 450 metros, pasará a aproximadamente 32.000 kilómetros de la superficie terrestre. Para hacerse una idea, la órbita geoestacionaria se encuentra a unos 36.000 kilómetros de altura: durante unas horas, Apophis estará más cerca de nosotros que muchos satélites.
NASA considera que será el acercamiento más próximo conocido de antemano de un asteroide de este tamaño. La ESA calcula que objetos semejantes pasan tan cerca apenas una vez cada 5.000 a 10.000 años.
Y hay una tranquilidad fundamental: Apophis no impactará contra la Tierra. Las observaciones de radar permitieron descartar el riesgo para 2029, 2036 y 2068, y NASA considera que no existe peligro de colisión durante al menos los próximos 100 años.
Apophis pasará tan cerca que la Tierra podría deformarlo

El verdadero espectáculo científico comenzará cuando la gravedad terrestre empiece a actuar sobre la roca.
A esa distancia, nuestro planeta ejercerá fuerzas de marea suficientemente importantes como para tirar, retorcer, estirar y comprimir Apophis. NASA espera que su órbita cambie, mientras que su rotación probablemente se acelerará o ralentizará y modificará su orientación. Incluso podrían producirse pequeños deslizamientos.
La fuerza gravitatoria podría mover rocas y polvo en las pendientes más pronunciadas, dejando expuesto material que llevaba millones o incluso miles de millones de años bajo la superficie. La magnitud de esos cambios dependerá precisamente de algo que los científicos quieren descubrir: cómo está construido Apophis por dentro.
No sabemos todavía si se comporta como una roca relativamente compacta o como un agregado más débil de fragmentos unidos por su propia gravedad. Observar su respuesta permitirá inferir su cohesión, densidad, porosidad y estructura interna, propiedades esenciales para saber cómo actuar si algún día encontramos un objeto semejante en trayectoria de impacto.
Después del encuentro ocurrirá además algo espectacular a escala orbital. Apophis tarda actualmente unos 0,9 años en rodear el Sol y pertenece al grupo de asteroides Aten. La gravedad de la Tierra ampliará su órbita hasta aproximadamente 1,2 años, haciendo que pase a ser clasificado como un asteroide Apolo.
Europa ya está construyendo una nave para llegar antes que el asteroide

La oportunidad es tan excepcional que varias agencias espaciales se están preparando con años de antelación.
La ESA construye Ramses, una misión diseñada específicamente para encontrarse con Apophis antes del acercamiento. La nave deberá despegar en 2028 y alcanzar el asteroide en febrero de 2029, aproximadamente dos meses antes de su paso por la Tierra, para registrar su aspecto y comportamiento antes, durante y después del encuentro.
El proyecto ya ha abandonado el terreno de las propuestas. En febrero de 2026, ESA firmó un contrato de 81,2 millones de euros con OHB Italia para desarrollar la nave y, en junio, anunció que su estructura central ya estaba siendo ensamblada en Bremen, Alemania. La misión tiene además participación de JAXA, que aportará tecnología y el lanzamiento mediante un cohete H3.
NASA también tiene una nave viajando hacia Apophis. La antigua OSIRIS-REx, que trajo muestras del asteroide Bennu a la Tierra, fue rebautizada como OSIRIS-APEX y tiene previsto encontrarse con Apophis después del sobrevuelo para estudiar cómo lo transformó la gravedad terrestre.
Y buena parte del planeta podrá verlo sin telescopio
Lo más extraordinario quizá sea que este experimento cósmico no quedará reservado a observatorios.
La ESA calcula que hasta 2.000 millones de personas de buena parte de Europa y África y algunas zonas de Asia estarán en posición de observar Apophis. En cielos oscuros y despejados, podrá llegar a verse a simple vista, sin telescopio ni prismáticos.
Será una pequeña luz desplazándose rápidamente por el cielo, pero detrás de ese punto habrá una roca comparable en escala a la Torre Eiffel cruzando a una distancia extraordinariamente pequeña en términos astronómicos.
No representa el desastre que se temió después de su descubrimiento en 2004. Es algo científicamente mucho más útil: un asteroide gigantesco llegará hasta nuestra puerta sin golpearnos, y la propia Tierra realizará sobre él un experimento que sería prácticamente imposible reproducir por nuestra cuenta.