Los bloqueos nerviosos se utilizan habitualmente para controlar el dolor después de operaciones en brazos, manos, piernas y otras partes del cuerpo. Mediante una inyección de anestésico local cerca de determinados nervios, se interrumpe temporalmente la transmisión de las señales dolorosas hacia el cerebro.
La técnica puede proporcionar varias horas de alivio y reducir la necesidad de utilizar medicamentos opioides. Sin embargo, cuando el bloqueo desaparece, algunos pacientes experimentan un aumento abrupto del malestar. Este fenómeno se conoce como “dolor de rebote” y, en los casos más intensos, puede motivar consultas en los servicios de urgencias o incluso reingresos hospitalarios.
Durante años existieron dos posibles explicaciones. Una sostenía que simplemente regresaba el dolor quirúrgico que había permanecido oculto. La otra planteaba que el propio bloqueo podía producir una hipersensibilidad temporal en los nervios o en el sistema nervioso central. Un estudio publicado en Anesthesiology aporta ahora evidencia a favor de la primera opción.

El bloqueo no parece volver más sensible al nervio
Investigadores del Brigham and Women’s Hospital, en Boston, estudiaron a 40 voluntarios sanos. Cada participante recibió un bloqueo del plexo braquial axilar en uno de sus brazos, una técnica utilizada con frecuencia en cirugías de la mano y del miembro superior. El otro brazo permaneció sin intervención y funcionó como control.
Durante la desaparición progresiva de la anestesia, los científicos aplicaron estímulos de calor, presión y pequeños pinchazos en ambos brazos. También evaluaron mecanismos relacionados con la sensibilización central, un proceso mediante el cual el sistema nervioso puede amplificar las señales dolorosas.
Los resultados no mostraron un aumento significativo de la sensibilidad en el brazo que había recibido el bloqueo. La temperatura necesaria para producir un dolor leve fue prácticamente igual en ambos lados, y las pruebas de presión y punción tampoco detectaron diferencias relevantes. Las evaluaciones continuaron hasta tres horas después de que los voluntarios recuperaran completamente el movimiento.
Esto sugiere que el nervio no queda “irritado” ni guarda una especie de memoria dolorosa por haber sido anestesiado. El aumento repentino que sienten algunos pacientes se explicaría mejor por un contraste: mientras el bloqueo funciona, el dolor es mínimo o inexistente; cuando termina, la inflamación y las lesiones provocadas por la cirugía vuelven a sentirse de forma abrupta.
El problema puede estar en el momento de la medicación
El hallazgo tiene consecuencias importantes para el manejo posoperatorio. Si el dolor no es causado por una reacción anormal al bloqueo, la estrategia no debería ser abandonar esta técnica, sino anticipar el momento en el que dejará de funcionar.
Los investigadores recomiendan utilizar analgesia multimodal, es decir, combinar medicamentos y procedimientos que actúen sobre diferentes mecanismos del dolor. También destacan la importancia de explicar al paciente cuánto tiempo puede durar el bloqueo y cuándo debe comenzar a tomar los analgésicos recetados, sin esperar a que la zona recupere completamente la sensibilidad.
El objetivo es evitar que exista un intervalo entre el final de la anestesia regional y el inicio del efecto de los demás medicamentos. La indicación concreta debe establecerla siempre el equipo médico, ya que adelantar, retrasar o modificar una dosis sin supervisión puede ser peligroso.
El estudio tiene una limitación importante
Los participantes eran personas sanas y no fueron sometidos a una operación real. Por lo tanto, no experimentaron una incisión, inflamación, daño tisular ni los cambios emocionales asociados con una cirugía. El trabajo demuestra que el bloqueo por sí solo no produjo hipersensibilidad en esas condiciones, pero no permite descartar todos los mecanismos que podrían participar en pacientes operados.
Además, el dolor es una experiencia compleja. No depende únicamente de las señales que viajan por los nervios, sino también del tipo de intervención, el miedo, las expectativas, el descanso y la sensibilidad individual.
La principal conclusión no es que el dolor de rebote sea imaginario ni poco importante. El malestar puede ser intenso y requiere prevención. Lo que cambia es su explicación más probable: el bloqueo no estaría creando un dolor nuevo, sino dejando al descubierto el que la cirugía había provocado y la anestesia mantenía temporalmente silenciado.