Desde que los primeros astronautas despegaron en los años sesenta, la producción de oxígeno en el espacio ha sido un desafío técnico y vital. Ahora, una investigación publicada en Nature Chemistry sugiere que la respuesta no está en máquinas pesadas ni en procesos complicados, sino en una fuerza elemental que siempre ha estado presente: el magnetismo.
El problema de respirar fuera de la Tierra

Los sistemas actuales de la Estación Espacial Internacional separan oxígeno e hidrógeno del agua mediante electrólisis. En la Tierra, el proceso es sencillo porque las burbujas ascienden gracias a la flotabilidad. En microgravedad, en cambio, las burbujas se adhieren a los electrodos, complicando su recolección. Para resolverlo, la EEI utiliza centrifugadoras voluminosas y de alto consumo energético, poco adecuadas para misiones largas en el espacio profundo.
Como explica Álvaro Romero Calvo, coautor del estudio y profesor de Georgia Tech, “abrir una lata en la Tierra no es lo mismo que en el espacio; allí la ausencia de flotabilidad hace casi imposible separar los gases del líquido”.
Magnetismo en lugar de máquinas pesadas

El nuevo enfoque utiliza imanes comerciales para guiar las burbujas hacia puntos de recolección sin necesidad de partes móviles. El equipo experimentó con dos métodos: uno que aprovecha la respuesta natural del agua a los campos magnéticos, y otro que emplea fuerzas magnetohidrodinámicas generadas por la interacción entre campos magnéticos y corrientes eléctricas, creando un movimiento que separa gases de forma similar a las centrifugadoras, pero sin rotación mecánica.
Los ensayos en torres de caída libre, que reproducen entornos de microgravedad, confirmaron la eficacia del sistema: hasta un 240 % más eficiente en la producción de oxígeno. Según Katharina Brinkert, de la Universidad de Warwick, “no necesitamos centrifugadoras ni piezas móviles; es un sistema pasivo, robusto y de bajo mantenimiento”.
Un futuro más sostenible para la exploración espacial
El hallazgo, financiado por la ESA, la NASA y el Centro Aeroespacial Alemán, representa un paso crucial hacia misiones más ambiciosas. Con menos peso, menor consumo energético y mayor fiabilidad, los sistemas basados en magnetismo podrían acompañar a astronautas rumbo a Marte o incluso más allá.
El magnetismo, fuerza invisible pero omnipresente, podría convertirse en la llave que garantice oxígeno en viajes que hasta ahora parecían imposibles. Un giro inesperado en la historia de la exploración humana del cosmos.