La competencia entre las grandes potencias ya no se libra solo en tierra firme. El espacio se ha convertido en un nuevo campo de batalla y China acaba de dar un paso que inquieta a Washington: demostrar que puede reabastecer naves en plena órbita geoestacionaria, una capacidad que hasta ahora solo estaba al alcance de EE.UU.
El hito que marca un antes y un después

El protagonista de este logro es el satélite Shijian-25, lanzado el 6 de enero desde Xichang con un cohete Larga Marcha 3B. Diseñado por la Academia de Tecnología de Vuelos Espaciales de Shanghái, su misión era poner a prueba tecnologías de reabastecimiento y mantenimiento orbital. El éxito fue contundente: China ya puede prolongar la vida de satélites en órbita, consolidando un poder que inquieta tanto en lo civil como en lo militar.
Aunque Pekín no divulgó imágenes ni detalles específicos, los informes sugieren que el satélite alcanzó una órbita de transferencia geoestacionaria, el mismo nivel donde operan los satélites de comunicaciones y vigilancia más sensibles. Para Washington, la señal es clara: China ya juega en las grandes ligas del espacio.
De la investigación al poder estratégico
El camino de China hacia este hito no comenzó ayer. En 2016 ensayó con el sistema Tianyuan-1, logrando su primera prueba de reabastecimiento en microgravedad. En 2021, el Shijian-21 capturó y desplazó un satélite Beidou fuera de servicio hacia una órbita cementerio, mostrando su capacidad para manipular objetos en el espacio.
En contraste, Estados Unidos enfrenta tropiezos. La NASA canceló en 2024 su programa de reabastecimiento de satélites por problemas técnicos y sobrecostes, mientras China siguió avanzando a un ritmo vertiginoso.
Por qué Washington está en alerta

El reabastecimiento orbital no es solo un logro de ingeniería: implica una ventaja militar potencial. Satélites de espionaje, de comunicación o de guiado de misiles podrían mantenerse operativos por décadas, asegurando a China una red espacial resiliente y adaptable.
Ron Lerch, alto cargo de la Fuerza Espacial de EE.UU., reconoció recientemente que Pekín está ampliando de manera activa sus capacidades en la órbita geoestacionaria, un entorno crítico para el control global. El objetivo declarado de China es claro: convertirse en la principal potencia espacial hacia 2050, con un modelo que mezcla universidades, sector privado y ejército, tal como lo hizo EE.UU. en la Guerra Fría.
Más allá de la órbita: una estrategia global
El dominio espacial chino se enlaza con su estrategia geopolítica. A través de la Iniciativa del Cinturón y la Ruta de la Seda, ofrece a más de 150 países acceso a su infraestructura espacial, posicionándose como socio preferente en un ámbito del que muchos estados están excluidos.
Mientras tanto, Estados Unidos enfrenta recortes presupuestarios que amenazan la capacidad de rastrear la creciente red de satélites chinos. La directora de la Oficina de Capacidades Rápidas Espaciales, Kelly Hammett, advirtió que el sistema de vigilancia SOSI de China podría superar pronto a la tradicional Red de Vigilancia Espacial de EE.UU.
¿Un nuevo equilibrio en la era espacial?
Con 68 lanzamientos en 2024 y el objetivo de superar las 100 misiones anuales, China no frena su ambición. Para 2025 ya prepara nuevas misiones tripuladas, el envío de la sonda Tianwen-2 a un asteroide cercano y más avances en la Luna.
El dominio del reabastecimiento orbital no es un detalle técnico: es la llave para controlar el futuro del espacio. La pregunta que queda abierta es cómo reaccionará Estados Unidos ante un desafío que ya no se mide en la Tierra, sino en las alturas donde se juega el poder del siglo XXI.