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Ciencia

El maíz conserva el rendimiento, pero no puede salir del lote: la humedad retrasa la cosecha

La campaña agrícola mantiene buenas perspectivas gracias a las reservas de agua, pero el exceso de humedad empieza a jugar en contra. La cosecha de maíz avanza con retraso y el trigo, aunque conserva una condición favorable, acumula días con poca radiación solar justo cuando comienza a definir parte de su potencial productivo.
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Durante buena parte de una campaña agrícola, tener agua disponible suele ser una ventaja. Pero cuando la lluvia se combina con humedad persistente, nieblas y varios días cubiertos, ese beneficio puede transformarse en un problema.

Eso es lo que está ocurriendo actualmente en la región agrícola argentina. Los perfiles tienen buenas reservas, pero los lotes tardan demasiado en secarse, las máquinas pierden días de trabajo y algunos cultivos comienzan a acumular jornadas con poca radiación solar.

El desafío ya no pasa únicamente por cuánto llueve. También importa cuánto tarda en volver el sol.

El maíz mantiene el volumen, pero cuesta cosecharlo

La cosecha de maíz alcanzó aproximadamente el 73,7% del área apta, con un rendimiento medio nacional cercano a los 79,1 quintales por hectárea. Con esos números, la proyección de producción se mantiene alrededor de los 64 millones de toneladas. El problema aparece en la velocidad de recolección. Las tareas acumulan un retraso importante frente al ciclo anterior y también respecto del promedio histórico.

La elevada humedad ambiental retrasa el secado del grano y mantiene los suelos sin piso suficiente para que las cosechadoras puedan ingresar, especialmente en bajos y ambientes con problemas de drenaje.

Cuanto más tiempo permanece el maíz en el campo, mayor es la exposición a vuelcos, quebrado de plantas, deterioro de las espigas y pérdidas de calidad. Además, si finalmente debe cosecharse con demasiada humedad, será necesario recurrir al secado artificial, aumentando los costos.

El trigo tiene casi toda su superficie sembrada

En trigo, la situación es diferente.

La implantación ya cubre aproximadamente el 99% de las 6,5 millones de hectáreas proyectadas, aunque los excesos de agua dificultaron completar los últimos lotes. La condición general sigue siendo muy buena: prácticamente toda el área emergida se mantiene entre normal y excelente y más del 80% dispone de humedad adecuada u óptima.

Ese escenario permitiría pensar en una campaña favorable. Sin embargo, aparece otra variable que empieza a ganar importancia: la falta de luz solar.

Tener agua no alcanza si el cielo permanece cubierto

Las plantas necesitan agua para crecer, pero también necesitan energía.

La radiación solar permite realizar la fotosíntesis y convertir los recursos disponibles en biomasa. En trigo, esto adquiere especial relevancia durante etapas como el macollaje y posteriormente durante la formación de espigas y granos.

Una sucesión prolongada de jornadas cubiertas puede reducir la generación y supervivencia de macollos fértiles. Por ahora no existe una pérdida concreta de rendimiento atribuible a la nubosidad. El cultivo mantiene un estado favorable y todavía tiene margen para recuperarse si las condiciones mejoran.

Pero si la falta de radiación continúa durante etapas más sensibles, el techo productivo podría empezar a reducirse.

La diferencia con otras campañas está en cuándo vuelve el sol

No todas las lluvias afectan de la misma manera.

Durante campañas anteriores, muchos eventos se producían durante la noche y eran seguidos por jornadas relativamente despejadas. El suelo recibía agua mientras los cultivos recuperaban rápidamente horas de radiación durante el día. Esta vez, las precipitaciones están acompañadas con mayor frecuencia por niebla, humedad elevada y nubosidad persistente.

En el maíz, eso significa que los granos y los lotes tardan más en secarse. En el trigo, significa menos energía disponible para fotosintetizar. La campaña sigue teniendo buenas perspectivas, pero ahora necesita algo que hace unos meses parecía menos urgente: varios días fríos, secos y soleados.

El agua ya está almacenada en buena parte de los perfiles. Lo que determinará cuánto de ese potencial puede transformarse finalmente en toneladas será, en gran medida, cuándo consiga abrirse el techo de nubes.

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