Saltar al contenido
Ciencia

El mar Muerto se queda sin agua y desata un fenómeno climático que desconcierta a los científicos

El retroceso de uno de los lugares más singulares del planeta está provocando cambios que van mucho más allá de la pérdida de agua.
Por

Tiempo de lectura 4 minutos

Comentarios (0)

Durante décadas, el Mar Muerto ha ido perdiendo superficie hasta transformar por completo el paisaje que lo rodea. Pero el descenso de sus aguas esconde otra consecuencia menos visible: a medida que desaparece parte del volumen del lago, el calor comienza a comportarse de una manera inesperada. Un nuevo estudio ha relacionado ambos fenómenos y advierte que la evolución de este mar cerrado puede modificar de forma profunda las condiciones térmicas de toda su cuenca.

Cuando perder agua también significa acumular más calor

El Mar Muerto se encuentra entre Jordania, Israel y Cisjordania y constituye uno de los sistemas acuáticos más extremos del planeta. Su enorme concentración de sales hace que sus características sean muy diferentes de las de otros lagos y mares interiores. Ahora, los investigadores han encontrado una conexión especialmente llamativa entre su progresivo retroceso y el aumento de la temperatura de sus aguas.

El estudio fue dirigido por Emmanuel Guillerm, investigador del Centro GFZ Helmholtz de Alemania y de la Universidad de Binghamton, en Estados Unidos. El equipo analizó cómo la disminución del volumen de agua modifica la concentración de sal y, a partir de allí, altera el intercambio de calor dentro de la masa líquida.

La clave está en la evaporación. En condiciones normales, este proceso consume energía y contribuye a enfriar el agua que permanece en la superficie. Sin embargo, cuando aumenta de manera considerable la concentración de sales, ese mecanismo pierde eficacia. La salmuera cada vez más concentrada dificulta el enfriamiento evaporativo y favorece que el agua conserve una mayor cantidad de calor.

Así, el retroceso del Mar Muerto no sería simplemente una consecuencia del calentamiento global. La pérdida de agua también puede convertirse en un mecanismo que intensifica el calentamiento de la propia masa de agua. El fenómeno se suma al aumento de las temperaturas atmosféricas provocado por las emisiones humanas de gases de efecto invernadero.

Diseño Sin Título 2026 10 08t104855.170
© Plastic Lines – Pexels

El calor empieza a bajar hacia las profundidades

El comportamiento del agua durante las distintas estaciones también resulta fundamental. En verano, las capas superficiales del Mar Muerto pueden alcanzar temperaturas elevadas y presentan una concentración de sal mayor que las aguas situadas debajo.

Esa combinación modifica la circulación interna. El agua más cálida y salada puede desplazarse hacia capas profundas, transportando consigo parte del calor acumulado en la superficie. Durante el invierno, además, la mezcla del agua permite que las variaciones de temperatura de la atmósfera se transmitan hacia las profundidades.

El resultado es un sistema en el que el descenso del nivel del agua, el aumento de la salinidad y el calentamiento quedan conectados entre sí. No se trata únicamente de que el lago sea cada vez más cálido por culpa del clima exterior: sus propias transformaciones físicas pueden reforzar ese proceso.

Los investigadores llevaron el análisis todavía más lejos y estudiaron qué podría ocurrir si las condiciones actuales continúan durante las próximas décadas. En sus proyecciones hasta 2100, contemplaron un escenario sin aportes significativos de los ríos y sin extracción industrial de agua.

Incluso bajo esas condiciones, el nivel del Mar Muerto podría descender unos 85 metros. Al mismo tiempo, la temperatura de sus aguas podría aumentar entre 5 °C y 8 °C, dependiendo de la cantidad de gases de efecto invernadero que continúen acumulándose en la atmósfera.

Un experimento que lleva el fenómeno mucho más lejos

El estudio también plantea una posibilidad capaz de cambiar la perspectiva sobre antiguos mares que desaparecieron hace miles de años. Los científicos simularon el comportamiento de una cuenca mucho mayor, correspondiente al Mediterráneo oriental, suponiendo que hubiera quedado desconectada del océano.

En una simulación de 8.000 años, el sistema experimentó una transformación extrema. La temperatura del agua aumentó alrededor de 20 °C mientras el nivel descendió aproximadamente 2,5 kilómetros. En ese escenario aparecieron además depósitos de sales de potasio solubles y se desarrolló un clima regional menos severo.

Este experimento permite observar cómo un mar aislado puede evolucionar de manera radical cuando deja de recibir aportes suficientes de agua. Para los investigadores, las bolsas de salmuera atrapadas en antiguos depósitos podrían convertirse en una especie de registro natural capaz de revelar cómo fueron retrocediendo otros mares en el pasado.

El futuro del Mar Muerto, sin embargo, sigue dependiendo en buena medida del balance hídrico de la región. Una recuperación del caudal histórico de agua dulce permitiría frenar el descenso del nivel y, según el estudio, también detendría el calentamiento adicional provocado por el incremento de la salinidad.

Publicado en Geophysical Research Letters, el trabajo no plantea por sí mismo una solución para recuperar el Mar Muerto. Su importancia está en mostrar que la desaparición progresiva del agua puede desencadenar una cadena de cambios físicos mucho más compleja de lo que parece a simple vista.

 

[Fuente: Diario UNO]

Compartir esta historia

Artículos relacionados