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Ciencia

Unos cristales de sal que datan de hace 1.400 años guardaron aire de la Tierra en ese entonces. Su análisis no encaja con lo que los científicos suponían

Las burbujas atrapadas en antiguos cristales de sal permitieron examinar directamente la atmósfera de un pasado remoto. Sus resultados plantean una pregunta inesperada sobre la aparición de los animales.
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Un lago se evaporó hace más de mil millones de años en lo que hoy es Ontario, Canadá. Mientras desaparecía el agua, los cristales de sal que se formaban encerraron pequeñas cantidades de líquido y burbujas de aire. Allí quedó preservado un registro de la atmósfera de una Tierra muy diferente a la actual.

Ahora, un equipo de investigadores ha conseguido analizar esos gases de hace 1.400 millones de años. Lo que encontró no encaja del todo con la imagen que se tenía de aquel período, una etapa tan estable y aparentemente poco cambiante que los geólogos suelen llamarla, en broma, la era “aburrida”.

El estudio, publicado en PNAS, reveló una atmósfera con más oxígeno del esperado y una concentración de dióxido de carbono muy superior a la de hoy. Esos resultados ofrecen una mirada directa a un mundo anterior a los dinosaurios y abren un interrogante: si las condiciones podían sostener formas de vida complejas, ¿por qué los animales tardaron tanto en aparecer?

El aire antiguo estaba atrapado dentro de la sal

Los investigadores trabajaron con cristales de halita, también conocida como sal de roca. Durante la evaporación del lago, parte del agua salada y del aire quedaron encerrados en su interior, formando pequeñas inclusiones que conservaron información sobre las condiciones de aquel momento.

Acceder a ese registro no era sencillo. El oxígeno y el dióxido de carbono se comportan de manera diferente según estén en el aire o disueltos en el agua. Esa diferencia dificulta reconstruir con precisión la composición original de los gases atrapados.

El equipo logró resolver el problema mediante un método que había desarrollado Justin Park, autor principal del trabajo y estudiante de grado del Instituto Politécnico Rensselaer, conocido como RPI.

Morgan Schaller, coautor de la investigación e integrante de la misma institución, destacó que las mediciones de dióxido de carbono obtenidas por Park no se habían realizado antes. Su importancia residía en poder examinar muestras reales de aire antiguo con un grado de precisión que permitía asomarse directamente a esa etapa de la historia terrestre.

Los cristales correspondían al Mesoproterozoico, el período comprendido entre hace 1.600 y 1.000 millones de años. El análisis permitió reconstruir una parte de la historia de la atmósfera terrestre a partir de gases preservados, en lugar de depender únicamente de indicios indirectos.

Más dióxido de carbono y un oxígeno inesperado

Las mediciones indicaron que, hace unos 1.400 millones de años, la atmósfera contenía diez veces más dióxido de carbono que en la actualidad. Esa elevada concentración ayudaba a mantener un clima parecido al presente, aunque el Sol era bastante más débil.

El resultado también permitía abordar una discrepancia. Las estimaciones anteriores, basadas en información indirecta, apuntaban a concentraciones menores de CO₂. Sin embargo, esa interpretación no encajaba con otros datos que mostraban que el Mesoproterozoico carecía de grandes glaciares.

La abundancia de dióxido de carbono, junto con los cálculos de temperatura obtenidos a partir de la sal, sugería unas condiciones climáticas más benignas de lo que los investigadores habían supuesto.

Pero el hallazgo más desconcertante estaba en el oxígeno. La atmósfera analizada presentaba un nivel equivalente al 3,7 % del oxígeno actual. Aunque la cifra parezca pequeña, era inesperadamente elevada para aquel momento.

Entonces, las bacterias dominaban la vida del planeta y las algas rojas apenas comenzaban a desarrollarse. Sin embargo, según el estudio, esa disponibilidad de oxígeno podría haber sostenido vida animal compleja y plantas, que aparecieron unos 800 millones de años después.

La diferencia entre unas condiciones potencialmente favorables y la aparición mucho más tardía de esos organismos vuelve especialmente interesante el origen de la vida compleja.

Una fotografía breve de una era que quizá no fue tan tranquila

Encontrar ese oxígeno no significa que todo el período mantuviera las mismas condiciones. Park planteó que las muestras podrían reflejar un episodio de oxigenación breve y transitorio dentro de aquella larga era “aburrida”.

Ese nombre hace referencia a una etapa caracterizada por bajos niveles de oxígeno, condiciones atmosféricas y geológicas estables y pocos cambios evolutivos. Los cristales podrían haber conservado, precisamente, un momento que se apartaba de esa tendencia.

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© Pawel Uchorczak – shutterstock

Las algas rojas ofrecen una posible explicación. Hoy producen una parte importante del oxígeno del planeta y surgieron cerca de la época representada por las muestras. Su creciente abundancia y complejidad podrían haber contribuido a la cantidad de oxígeno detectada.

Schaller propuso que el equipo quizá había captado un momento especialmente activo dentro de un período considerado monótono. La lectura sería, por tanto, una fotografía de un intervalo concreto, sin demostrar que esas condiciones se prolongaran durante toda la era.

Para Park, disponer de observaciones directas de este pasado remoto es fundamental. Permite entender mejor cómo surgió la vida compleja y cómo la atmósfera terminó adquiriendo su composición actual. Las pequeñas burbujas conservadas en la sal aportan una pieza de esa historia y muestran que incluso una época llamada “aburrida” puede guardar sorpresas.

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