¿Qué pasaría si el olfato pudiera llevarnos más lejos que un telescopio? Desde fragancias metálicas en estaciones espaciales hasta rastros de vida en exoplanetas, los olores del cosmos están captando la atención de científicos y astronautas. Lo que parece solo una curiosidad sensorial, podría ser una herramienta clave en la búsqueda de vida más allá de nuestro planeta.
Un universo sorprendentemente apestoso

Marina Barcenilla, astrobióloga y perfumista científica, ha demostrado que el espacio no solo puede observarse, sino también olerse. Según sus investigaciones, Júpiter tendría un aroma ácido y penetrante: capas de amoníaco, azufre y fósforo que generarían un perfume de orina de gato, huevos podridos y gasolina.
Pero no solo los planetas huelen, según la BBC. En los cometas, las nubes de polvo y las lunas heladas se esconden olores que van desde almendras dulces hasta pescado en descomposición. Con base en estos perfiles químicos, Barcenilla ha creado fragancias para exposiciones científicas que permiten a los visitantes experimentar el espacio a través de la nariz.
¿La finalidad? Usar el sentido del olfato como vía de exploración: entender qué compuestos flotan en el cosmos podría acercarnos a lugares potencialmente habitables.
El olfato como herramienta para detectar vida
El sentido del olfato, muchas veces subestimado, es una habilidad evolutiva antigua que nos conecta con el entorno. En los humanos, millones de quimiorreceptores permiten captar moléculas y traducirlas en recuerdos, advertencias o sensaciones. Esta misma lógica se aplica al espacio.
Por ejemplo, el Telescopio James Webb ha logrado detectar dióxido de carbono en exoplanetas al analizar cómo la luz cambia al atravesar sus atmósferas. Aunque no “huele” en sentido estricto, su análisis químico funciona como una nariz interestelar. En Titán, se identificaron compuestos que huelen a gasolina y almendras, y en K2-18b, los investigadores creen haber detectado sulfuro de dimetilo (DMS), una posible biofirma que en la Tierra solo produce la vida marina.
Lo que dicen los astronautas sobre el olor del espacio

Helen Sharman, la primera astronauta británica, recuerda el olor metálico que impregnaba su traje tras caminar en el espacio exterior. Ese aroma, similar al de un taller mecánico, podría deberse al ozono generado por el oxígeno atómico que se adhiere al equipo fuera de la nave.
Este tipo de experiencias no solo afectan lo físico: también tocan lo emocional. El olor se convierte en vínculo con la Tierra. Tras días en la estación espacial Mir, Sharman se emocionó al oler ajenjo fresco al aterrizar. Ese aroma simple y terrestre fue más reconfortante que cualquier tecnología avanzada.
Un universo que también se puede sentir
Los compuestos que flotan en Sagitario B2 —etanol, metanol, acetona— pueden ser clave para entender cómo se formó la vida. Barcenilla sostiene que muchos de estos olores también están presentes en nuestro planeta, lo que abre la posibilidad de crear experiencias sensoriales con fines científicos y educativos.
Porque quizás, para encontrar vida allá fuera, no necesitemos mirar más fuerte… sino aprender a oler mejor.