Venezuela atraviesa una etapa crítica. Aunque había mostrado signos de leve recuperación, su economía sigue pendiendo de un hilo: el petróleo. Y ese hilo está siendo manipulado desde Estados Unidos. Con Donald Trump presionando a través de licencias clave para las petroleras extranjeras, el país se encuentra otra vez en una encrucijada peligrosa. Las próximas decisiones podrían definir su rumbo inmediato.
Una economía atada a licencias en juego

El presidente Donald Trump ha reactivado su presión sobre el régimen de Nicolás Maduro utilizando un arma poco convencional, pero extremadamente eficaz: las licencias que permiten a empresas petroleras operar en territorio venezolano.
Estas autorizaciones, emitidas por el gobierno de Joe Biden en 2022, permitieron que gigantes como Chevron, Repsol, Maurel&Prom y Eni trabajaran dentro del embargo petrolero que impuso Trump en 2019. Gracias a esto, Venezuela pudo ingresar divisas clave y las petroleras recuperaron parte de sus deudas pendientes.
Pero ahora, esas licencias están nuevamente en peligro. La de Chevron, en particular, ha sido usada por Trump como herramienta de presión para forzar acuerdos, como la deportación de migrantes venezolanos desde Estados Unidos. Las decisiones sobre su prórroga han sido confusas y contradictorias: mientras algunos negociadores hablan de avances, otros funcionarios sostienen que todo podría acabar el 27 de mayo.
Este vaivén crea un clima de inestabilidad para los inversionistas y para la economía venezolana en general. Según el economista Francisco Monaldi, la situación ha generado una dinámica de «ping pong» político que desconcierta a todos los actores del sector energético.
Un posible retroceso económico en puerta

La economía venezolana no se ha recuperado por completo tras ocho años de recesión y una hiperinflación devastadora. La producción petrolera, que en el año 2000 superaba los tres millones de barriles diarios, hoy ronda el millón. Una parte significativa proviene de operaciones de empresas extranjeras, responsables del 30% de la producción.
Según la economista Graciela Urdaneta, esas compañías inyectaban al país hasta 400 mil barriles por día destinados a exportaciones, generando entrada de divisas y cierta estabilidad cambiaria. De perder estas licencias, Venezuela podría volver a caer en recesión: los ingresos anuales proyectados de 16 mil millones de dólares podrían reducirse a la mitad, alerta el economista Manuel Sutherland.
A pesar de todo, Maduro asegura que los campos seguirán activos, usando métodos alternativos como ventas con descuento y triangulación para sortear sanciones. Algunos expertos, como Elías Ferrer, afirman que siempre habrá compradores dispuestos, comparando el crudo venezolano con el mercado de drogas: sancionado, pero irrenunciable.
Mientras tanto, Chevron defiende su presencia en el país, advirtiendo que su salida podría abrir la puerta a empresas rusas o chinas. Y Repsol ya explora nuevas vías para no abandonar sus operaciones, sobre todo en el sector gasífero.
Así, el futuro económico de Venezuela vuelve a depender de una batalla geopolítica donde el petróleo es solo el punto de partida.