Todavía no se sabe cómo invadió el crucero este virus mortal que suele estar en tierra. Un brote de hantavirus parece haber enfermado a una decena de personas – y causó la muerte de algunas – a bordo del MV Hondius, un barco de pasajeros con capacidad para 170 personas, en su trayecto desde Argentina a Cabo Verde, isla-nación frente a las costas occidentales de África.
Los funcionarios de la Organización Mundial de la Salud confirmaron el brote el fin de semana. Hasta ahora se confirmó un caso de infección por hantavirus, junto con cinco casos sospechosos más, en tanto que murieron tres personas que habían enfermado. Aunque los funcionarios siguen trabajando para identificar el origen del brote, el hantavirus normalmente no es una enfermedad contagiosa que se propague fácilmente de humano a humano.
Mortal, pero infrecuente
Hay varias familias de hantavirus, y solo algunas se sabe que enferman a los humanos. Los virus se dividen en dos amplios grupos: los que se encuentran en el hemisferio occidental (“nuevo mundo”) y los del hemisferio oriental (“antiguo mundo”). La mayoría de estos virus, incluyendo los que pueden enfermar a los humanos, son nativos en los roedores (algunos se encontraron también en otros mamíferos pequeños). En los roedores las infecciones suelen ser persistentes aunque no lo enferman.
Los virus del hemisferio occidental suelen causar síndrome pulmonar por hantavirus (HPS), enfermedad con riesgo de vida que afecta mayormente a los pulmones y el corazón. Casi un tercio de los que sufren HPS mueren a causa de la enfermedad. Los virus del hemisferio oriental, en cambio, causan fiebre hemorrágica con síndrome renal (HFRS) que afecta a los riñones, y su tasa de mortalidad oscila entre el 1% y el 15% dependiendo de la especie. El virus de Seúl, especie muy distribuida en todo el mundo, también puede causar el síndrome renal.
Quienes contraen hantavirus en general han inhalado partículas de orina y heces de roedores infectados que se han levantado y están en el aire, o han tocado orina o heces de roedores directamente. La infección también puede transmitirse por mordedura o rasguño de roedores, aunque son casos menos frecuentes, según los Centros de Control y Prevención de Enfermedades. Más infrecuente todavía es la posibilidad de que una persona transmita el virus a otra.
Solamente una de las especies, la andina, se cree que puede propagarse por contacto con la saliva infectada de otra persona, o por gotas respiratorias expulsadas al toser o estornudar, o en la leche materna durante la lactancia. Hay expertos que expresan dudas respecto de esta idea y citan la falta de evidencia convincente de la transmisión entre humanos. Casi todos los casos del virus andino están vinculados con la exposición a roedores.
Más allá de cómo se contraiga la enfermedad, rara vez el hantavirus causa enfermedad grave en los humanos. Desde 1993, cuando se empezó a tomar registro, se documentaron poco menos de 900 casos de hantavirus en EE.UU. Los casos eran mayormente de personas del sudoeste del país, aunque los roedores que propagan estos virus pueden estar en cualquier lugar.
Prevención de contagios
En este momento las autoridades sanitarias no han confirmado cuál es la especie de hantavirus involucrada en el brote que se dio en este crucero, aunque aparentemente se trata de la que causa grave enfermedad respiratoria. Por lo que se sabe de estos virus, es improbable que represente peligro para el público en general. Sin embargo, hay pasos simples que pueden darse para disminuir el riesgo de enfermar de hantavirus y otras enfermedades transmitidas por los roedores, según los CDC.
Esas medidas incluyen el sellado de las aberturas en las casas para que no ingresen roedores, librarse de pilas de basura que atraigan a los roedores, y echar desinfectante cuando se encuentran nidos de roedores o sus heces. Quienes están en mayor riesgo de exponerse a roedores, como los veterinarios o los exterminadores de plagas, deben además minimizar el contacto con las heces de los roedores. Se recomienda no adoptar roedores como mascotas donde haya niños menores de cinco años, o personas inmunocomprometidas.