En una decisión que ha generado un terremoto diplomático y académico, la administración Trump ha revocado el programa que permite a Harvard matricular estudiantes internacionales. La medida, vinculada a acusaciones de supuestos lazos con el Partido Comunista chino, ha encendido las alarmas en todo el mundo. Mientras los estudiantes viven horas de incertidumbre y pánico, países aliados y rivales coinciden en algo: esta decisión podría marcar el inicio del fin del liderazgo educativo estadounidense.
Una medida que sacude al mundo

El Departamento de Seguridad Nacional (DHS) notificó a Harvard que, con efecto inmediato, su programa de visados F y J para estudiantes y visitantes extranjeros queda revocado. La decisión, comunicada mediante una carta firmada por la secretaria del DHS, Kristi Noem, se basa en acusaciones no demostradas de vínculos con el Partido Comunista chino y en la participación de alumnos en “actividades violentas”.
Además de perder el derecho a recibir nuevos estudiantes internacionales para el año académico 2025-2026, la universidad tiene 72 horas para proporcionar información sobre protestas en las que hayan participado sus alumnos. La amenaza es clara: otras universidades podrían seguir el mismo destino si no «colaboran».
La reacción internacional: preocupación y condena

China: “Una politización inaceptable”
La portavoz de Exteriores, Mao Ning, denunció que la medida “daña la reputación internacional de Estados Unidos” y representa una politización peligrosa de los intercambios educativos. Pekín ha prometido defender los derechos de sus estudiantes, que constituyen una de las comunidades internacionales más numerosas en Harvard, con más de 2.000 alumnos.
Japón: “Vigilamos con alto interés”
El gobierno japonés, que tiene más de 300 estudiantes afectados, expresó su preocupación inmediata. El portavoz oficial, Yoshimasa Hayashi, calificó la medida como inquietante y recordó que él mismo fue alumno de Harvard, subrayando su impacto en los lazos bilaterales.
Australia: “Buscamos explicaciones urgentes”
El embajador australiano en EE. UU., Kevin Rudd, anunció conversaciones inmediatas con Washington para esclarecer el alcance de esta política y su impacto en los más de 100 australianos matriculados en la universidad. También advirtió que esta situación podría extenderse a otras instituciones estadounidenses.
Alemania: “Una muy mala decisión”
Desde Europa, la ministra de Investigación alemana, Dorothee Bär, fue categórica: “Es una decisión muy mala. Espero que sea revocada”. Bär lamentó el golpe a la libertad académica y advirtió que Europa ya está viendo un cambio de preferencias de estudiantes que antes elegían EE. UU.
Pánico entre estudiantes: “¿Nos van a echar?”

Con más de 10.000 alumnos internacionales afectados, el campus de Harvard vive una ola de incertidumbre y temor. Los estudiantes podrían perder su estatus legal si no se transfieren a otra institución, una opción que no todos pueden permitirse.
“Todo el mundo está entrando en pánico”, dice Alice Goyer, estudiante estadounidense. Para Karl Molden, alumno austriaco, la decisión ya le hizo buscar alternativas en Oxford, Reino Unido.
Con costos que superan los 87.000 dólares anuales, miles de familias de todo el mundo ven peligrar no solo su inversión, sino también el futuro de sus hijos.
¿Una jugada política o una amenaza real?
Desde su regreso a la Casa Blanca, Trump ha dirigido un embate contra instituciones académicas de élite, acusándolas de antisemitismo y vínculos ideológicos con enemigos extranjeros. Pero para la comunidad internacional, esta medida es una maniobra política con alto costo reputacional.
En un momento en que la ciencia y la educación deberían tender puentes, la decisión del gobierno estadounidense aisla al país y debilita su influencia global en la educación superior.