El telescopio James Webb (JWST) ha vuelto a sorprender al mundo científico con un logro sin precedentes: el mayor mapa del universo hasta la fecha, elaborado en colaboración con múltiples centros de investigación. Este avance no solo amplía los límites de la observación espacial, sino que también abre una ventana inédita para comprender cómo se formaron y evolucionaron las galaxias a lo largo de miles de millones de años.
Un mapa cósmico sin precedentes

El programa Cosmos-Web, en el que el Instituto de Astrofísica de Canarias tuvo un papel destacado, ha permitido clasificar morfológicamente más de medio millón de galaxias gracias al uso combinado de los potentes instrumentos del James Webb y redes neuronales avanzadas. Este trabajo ofrece una visión amplia y profunda del universo, abarcando un área equivalente a tres lunas llenas en el cielo y recopilando más de 250 horas de observaciones.
Los datos obtenidos permiten estudiar galaxias extremadamente débiles y distantes, algunas formadas en los primeros mil millones de años tras el Big Bang, ofreciendo una perspectiva más completa de la historia cósmica que cualquier sondeo anterior.
Inteligencia artificial y nuevas herramientas para descubrir el cosmos

La investigación marca un punto de inflexión en la astronomía, combinando datos del JWST con observaciones terrestres y estudios previos para crear Cosmos 2025, un catálogo sin precedentes sobre casi 800.000 galaxias. Este recurso detalla propiedades como forma, brillo, distancia y composición, y ya está disponible para la comunidad científica internacional.
Para los expertos, la incorporación de inteligencia artificial en la clasificación de galaxias acelera el análisis de datos y promete nuevas herramientas para futuros descubrimientos. Como señala Marc Huertas-Company, investigador del IAC, esta combinación de tecnología y ciencia no solo redefine la observación del cosmos, sino que acerca a los astrónomos a comprender mejor la materia oscura, la Era de Reionización y la evolución de las galaxias más masivas en los primeros 2.000 millones de años del universo.