En 2020, un ciudadano científico detectó un cuerpo celeste tan tenue y extraño que escapó a los algoritmos habituales de observación. Lo bautizaron como The Accident. Hoy, gracias al telescopio espacial James Webb, este objeto se convierte en protagonista de un estudio que podría cambiar lo que sabemos sobre la química profunda de Júpiter, Saturno y los planetas gigantes que orbitan otras estrellas.
El objeto que no era un planeta ni una estrella

The Accident es una enana marrón, un cuerpo gaseoso situado en ese limbo celeste entre los planetas y las estrellas. Lo insólito es que sus características no encajan en ninguna categoría conocida: combina rasgos propios de enanas marrones jóvenes y, al mismo tiempo, de ejemplares muy antiguos. Su rareza fue tal que pasó desapercibido durante años hasta que, casi por casualidad, se descubrió en los datos de NEOWISE, el observatorio espacial que cartografió el cielo en el infrarrojo.
Ahora, a unos 50 años luz de distancia, este objeto se revela como uno de los más viejos jamás encontrados: entre 10.000 y 12.000 millones de años de antigüedad, nacido cuando el universo apenas estaba enriquecido con elementos distintos al hidrógeno y al helio.
Silano: la molécula fantasma que aparece en un lugar improbable

La gran sorpresa llegó cuando el Webb permitió analizar su atmósfera con detalle. Entre los datos apareció la firma espectral de un compuesto largamente esperado: el silano (SiH4). Este hallazgo es crucial porque, aunque se sospechaba de su presencia en Júpiter, Saturno y en múltiples exoplanetas, nunca había podido confirmarse.
¿Por qué aparece en The Accident y no en los gigantes gaseosos? La explicación radica en la química del oxígeno. En mundos más jóvenes y ricos en este elemento, el silicio tiende a unirse con oxígeno para formar nubes de óxidos que se hunden en las capas profundas, invisibles para los telescopios. Pero en esta enana marrón primitiva, formada cuando había menos oxígeno disponible, el silicio encontró en el hidrógeno a su pareja química, generando silano y dejando una huella que hoy podemos rastrear.
New @NASAWebb observations of a distant object nicknamed "The Accident" have helped solve a mystery about Jupiter and Saturn.
"The universe continues to surprise us." – JPL’s Peter Eisenhardt, project scientist for the WISE mission
Read the full story: https://t.co/SLQg5WqlrF pic.twitter.com/dT7Gi0ubFZ— NASA JPL (@NASAJPL) September 16, 2025
Lo que “El Accidente” enseña sobre los mundos gigantes
El hallazgo no resuelve únicamente el enigma de una molécula esquiva. Demuestra que los cuerpos más extremos pueden convertirse en laboratorios naturales para descifrar la química de planetas aparentemente más comunes. “A veces son los objetos extraños los que explican a los normales”, resumió la astrónoma Jackie Faherty, autora principal del estudio.
En la práctica, esto significa que al estudiar a The Accident, se abre una ventana hacia la dinámica interna de Júpiter, Saturno y miles de exoplanetas. No se trata de buscar vida en estos mundos gaseosos, sino de aprender a leer señales atmosféricas complejas, las mismas que un día podrían ayudarnos a detectar rastros de habitabilidad en planetas rocosos parecidos a la Tierra.