Daniel Day-Lewis es conocido por su dedicación extrema y minuciosidad al interpretar sus papeles, lo que lo ha convertido en uno de los actores más respetados de la industria. Sin embargo, su proceso de preparación también puede ser visto como algo «inaceptable» para muchos directores. Un ejemplo claro de esto es la petición que le hizo a Steven Spielberg antes de aceptar el papel de Abraham Lincoln en la película de 2012, que le valió su tercer Premio Óscar.
Una petición poco común en Hollywood
Cuando Spielberg le ofreció el papel de Lincoln, Day-Lewis pidió un año entero para prepararse, una solicitud que habría sido rechazada por la mayoría de los directores. En Hollywood, las presiones para cumplir con fechas de producción y los plazos del estudio suelen hacer que un año de preparación sea impensable. Pero Spielberg, que ha alcanzado un estatus único en la industria, decidió aceptar la petición del actor.
El propio Day-Lewis describió esta oportunidad como «un privilegio perturbador» y admitió que se sintió reacio a aceptar el papel precisamente por la magnitud del desafío.
La interpretación que marcó la diferencia
El resultado fue innegable: Lincoln obtuvo 12 nominaciones a los Óscar, de las cuales ganó dos, incluyendo la estatuilla que Day-Lewis se llevó a casa por su papel como el presidente de los Estados Unidos. La dedicación del actor, sumada a la decisión de Spielberg de darle el tiempo que necesitaba, resultó en una interpretación que sigue siendo aclamada como una de las mejores en la historia del cine.
¿Qué habría pasado si Spielberg se hubiera negado?
Es difícil imaginar cómo habría sido Lincoln si Spielberg no hubiera accedido a la petición de Day-Lewis. Muchos coinciden en que su interpretación fue uno de los puntos clave del éxito de la película. El compromiso del actor con su proceso artístico no es algo común en una industria que está siempre en busca de cumplir con plazos estrictos, pero en este caso, el riesgo valió la pena.