Durante años, la captura y almacenamiento de carbono se presentó como el “plan B” frente al cambio climático. Enterrar el CO₂ en formaciones profundas sonaba a solución mágica. Sin embargo, la ciencia acaba de poner cifras duras sobre la mesa: el espacio útil es mucho menor del que se calculaba. El hallazgo obliga a replantear tanto las expectativas de enfriar el planeta como las políticas internacionales de mitigación.
El mito del almacén infinito
Hasta ahora, los cálculos más optimistas hablaban de entre 10.000 y 40.000 gigatoneladas de capacidad global. Eso equivalía a siglos de emisiones seguras bajo tierra. El nuevo estudio, con criterios de seguridad y exclusión ambiental, reduce la cifra a 1.460 gigatoneladas. Es decir, casi diez veces menos de lo esperado.
Los científicos lo comparan con descubrir que un disco duro que parecía de 40 terabytes apenas tiene 1,5 terabytes de espacio útil.

Los filtros que recortan el potencial
El equipo descartó amplias zonas por motivos de riesgo y viabilidad:
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Sísmica: no se puede inyectar CO₂ en fallas activas.
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Áreas protegidas: quedan fuera parques naturales y reservas.
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Proximidad urbana: se excluye un radio de 25 km de ciudades para evitar riesgos en acuíferos.
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Mares profundos: más de 300 metros de profundidad resultan inviables y costosos.
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Fronteras: los depósitos transfronterizos son políticamente intocables hoy en día.
El resultado es un mapa mucho más restringido, que redefine el almacenamiento como recurso finito y estratégico, no como una reserva infinita.
Un recurso limitado para generaciones futuras
Si todo el almacenamiento disponible se usara para extraer carbono del aire, solo permitiría reducir la temperatura global en 0,7 ºC. Esto frena de golpe las estrategias de “overshoot” que confiaban en superar los 1,5 ºC y luego enfriar la Tierra con captura masiva.
Cada tonelada enterrada hoy para seguir usando combustibles fósiles es una tonelada menos disponible para futuras generaciones.
Nuevas tensiones geopolíticas

El mapa también dibuja ganadores y perdedores. Países como Rusia, Estados Unidos, China, Brasil o Australia retienen un gran potencial de almacenamiento. En cambio, la Unión Europea, India o Noruega se quedan con reservas muy limitadas, lo que podría obligarlos a depender de otros en acuerdos internacionales costosos y políticamente sensibles.
No es el fin, pero sí un aviso
La captura de carbono seguirá siendo crucial en sectores difíciles de descarbonizar como el cemento o el acero. Pero el mensaje es claro: no es la panacea. No sustituye a la reducción drástica de emisiones. El estudio actúa como un recordatorio contundente: no existen atajos tecnológicos mágicos y el tiempo para actuar se acorta cada día más.
Fuente: Xataka.