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El razgo que comparten quienes terminan siendo infieles: ¿cómo reconocerlo antes de que sea tarde?

Un análisis reciente revela un patrón silencioso que aparece una y otra vez entre personas que engañan a sus parejas. No es lo que imaginas, pero puede detectarse antes del primer paso en falso.

Las historias de infidelidad suelen centrarse en el cómo y el cuándo, pero rara vez en el porqué profundo. Sin embargo, nuevas interpretaciones de especialistas en relaciones sugieren que existe un elemento común que atraviesa géneros, edades y tipos de pareja. Un rasgo que no se nota a simple vista, pero que influye más de lo que creemos en el camino hacia una traición. Comprenderlo no solo ayuda a prevenir, sino también a identificar dinámicas que pasan desapercibidas.

Un patrón más frecuente de lo que parece

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© Prostock-studio

Diversos estudios sobre infidelidad muestran diferencias claras entre hombres y mujeres en cuanto al contexto de las aventuras. Según datos citados por especialistas, los hombres tienden a involucrarse con alguien del trabajo, mientras que muchas mujeres suelen encontrar un vínculo más cercano entre amigos. Aun así, estas diferencias desaparecen cuando se analiza algo más profundo: un estado emocional común que aparece en prácticamente todos los casos.

Una reconocida psicoterapeuta y escritora, referente internacional en vínculos de pareja, ha explicado que detrás de muchas infidelidades existe una sensación persistente que describe como “apagado”. No se trata de tristeza evidente ni de crisis abiertas, sino de un tipo particular de desconexión interior que, según ella, atraviesa a quienes terminan rompiendo su compromiso.

Además, señala que los hombres son más proclives a reincidir: casi la mitad de los varones infieles reconocen haber repetido la conducta, frente a un porcentaje ligeramente menor entre mujeres. Sin embargo, el foco no está en la estadística, sino en lo que conecta a todos antes de que ocurra la traición.

Qué significa realmente ese “apagado” emocional

La analista de citas Jess Matthews, quien estudió estas conclusiones, describe este fenómeno como un proceso sutil y progresivo. A diferencia de lo que sugiere la palabra, no implica dramatismo, sino una especie de adormecimiento emocional que se instala lentamente en las relaciones de largo plazo.

Matthews lo explica como una mezcla de rutinas rígidas, falta de espacio personal, represión de deseos y una sensación de erosión interna. En algunos casos surge por dinámicas de pareja; en otros, nace individualmente y luego afecta el vínculo. Para muchas personas, este estado no elimina el amor por la pareja, pero sí genera la percepción de que “algo falta”, incluso cuando nada parece estar mal desde afuera.

Este vacío silencioso suele acompañarse de una lucha interna: el deseo de estabilidad convive con el impulso de recuperar una vitalidad perdida. Y es precisamente en ese choque donde muchos terminan buscando lo que creen haber perdido en otro lugar.

Señales que permiten intuir el problema

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© antoniodiaz – shutterstock

La analista de citas advierte que el “apagado” no aparece de un día para otro. Hay síntomas que se repiten en quienes lo experimentan, incluso antes de que piensen en ser infieles. Entre los más frecuentes están:

Sentirse más compañeros que pareja.

Percibir la vida personal como monótona o poco estimulante.

Agotarse por asumir siempre el rol conciliador.

Perder espontaneidad e intimidad en la relación.

Estas señales no son pruebas de infidelidad, pero sí indicadores de que existe una desconexión que podría profundizarse si no se aborda.

Cómo este estado abre la puerta a una traición

Para ella, la clave no está en que quienes engañan busquen herir deliberadamente a su pareja. Muchas veces, señala, la motivación es más interna que relacional: una necesidad urgente de sentirse vivos de nuevo.

Aunque cada historia es distinta, la experta coincide en que la infidelidad puede funcionar como un escape emocional. Una manera de recuperar una versión de uno mismo que parece haber quedado atrás. Sin embargo, también enfatiza que este impulso suele estar ligado al egoísmo, entendido como la búsqueda de resolver carencias personales sin enfrentar directamente el problema real.

En sus palabras, este tipo de infidelidad actúa como una “resurrección del yo”, un recurso momentáneo que distrae del conflicto profundo. Y aunque pueda sentirse como un alivio temporal, rara vez resuelve aquello que originó el “apagado”.

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