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Ciencia

El riesgo invisible que crece en el agua y preocupa a los científicos de todo el mundo

No son virus ni bacterias, pero podrían representar un riesgo aún mayor. Investigaciones recientes advierten que ciertas amebas están proliferando, resisten condiciones extremas y pueden transportar patógenos peligrosos en su interior, lo que las convierte en una amenaza silenciosa para la salud global.
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Cuando se habla de amenazas invisibles para la salud humana, casi siempre se piensa en virus o bacterias. Sin embargo, existe otro grupo de microorganismos mucho menos conocido que empieza a generar inquietud entre los científicos. Se trata de las amebas, organismos complejos que no solo pueden causar enfermedades graves, sino que además sobreviven donde otros microbios no lo logran.

Qué son las amebas y por qué no son como otros microbios

Las amebas pertenecen a un grupo de organismos unicelulares llamados protozoos eucariotas. A diferencia de las bacterias, poseen un núcleo definido y una estructura celular más compleja. Se desplazan y se alimentan mediante seudópodos, extensiones temporales con las que capturan partículas del entorno a través de un proceso conocido como fagocitosis.

La mayoría vive de forma libre en suelos, aguas dulces y ambientes húmedos, cumpliendo un rol ecológico importante al controlar poblaciones microbianas y reciclar materia orgánica. Durante siglos convivieron con los humanos sin mayor notoriedad. El problema surge con ciertas especies capaces de provocar infecciones graves y, sobre todo, con su creciente expansión geográfica.

El triple peligro que alerta a la ciencia

Un estudio reciente publicado en Biocontaminant, liderado por Longfei Shu, advierte que algunas amebas de vida libre están emergiendo como un desafío global para la salud pública. El riesgo que representan es triple.

En primer lugar, su resistencia es extraordinaria. Pueden sobrevivir a altas temperaturas, a desinfectantes potentes como el cloro y a condiciones de agua potable que normalmente se consideran seguras. En segundo lugar, están proliferando. El calentamiento global, la falta de monitoreo en sistemas de agua y el deterioro de infraestructuras favorecen su expansión hacia regiones donde antes eran raras o inexistentes.

El tercer factor es quizá el más inquietante: muchas amebas pueden alojar bacterias y virus en su interior, funcionando como verdaderos “caballos de Troya” que protegen a estos patógenos de la desinfección y facilitan su persistencia en el ambiente.

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©YouTube

La ameba más temida y sus consecuencias

Uno de los ejemplos más conocidos es Naegleria fowleri, popularmente llamada la “ameba comecerebros”. Vive en aguas dulces templadas como lagos, ríos y fuentes termales. Aunque las infecciones humanas son poco frecuentes, cuando ocurren suelen ser devastadoras.

El contagio se produce cuando agua contaminada ingresa por la nariz, generalmente durante actividades recreativas. Desde allí, la ameba asciende por el nervio olfatorio hasta el cerebro, donde provoca una enfermedad fulminante conocida como meningoencefalitis amebiana primaria. Los síntomas aparecen rápidamente e incluyen dolor de cabeza intenso, rigidez en el cuello, vómitos, confusión y, en la mayoría de los casos, coma y muerte en pocos días.

La tasa de mortalidad ronda el 97 %, lo que convierte a esta infección en una de las más letales conocidas, pese a su baja incidencia anual.

Otras amebas peligrosas y poblaciones vulnerables

Naegleria no es la única. Géneros como Acanthamoeba y Balamuthia mandrillaris también pueden causar enfermedades graves. Estas incluyen encefalitis granulomatosa, infecciones cutáneas y queratitis, especialmente en personas con sistemas inmunológicos debilitados.

Además del daño directo, estas amebas pueden albergar bacterias como Legionella o Pseudomonas y virus como norovirus y adenovirus. Dentro de ellas, estos patógenos sobreviven a los procesos habituales de desinfección y luego pueden volver al ambiente con capacidad infecciosa intacta.

Un problema creciente en el agua potable

Este fenómeno resulta especialmente preocupante para los sistemas de agua potable y de recreación. Las amebas pueden colonizar tuberías, tanques y zonas donde los métodos convencionales de limpieza no resultan eficaces. El aumento de las temperaturas globales amplía sus hábitats, mientras que el agua estancada y la falta de vigilancia facilitan su proliferación.

La combinación de estos factores incrementa la probabilidad de exposición humana, incluso en contextos que antes se consideraban seguros.

Qué proponen los científicos para reducir el riesgo

Dada la alta letalidad de algunas infecciones y la capacidad de estas amebas para proteger otros patógenos, los investigadores proponen un enfoque integral de salud pública. Esto incluye vigilancia ambiental constante, mejores herramientas de diagnóstico, tecnologías avanzadas de tratamiento de agua y campañas de educación para reducir la exposición.

Las amebas existen desde hace miles de millones de años y forman parte natural del entorno. Sin embargo, algunas de sus formas representan hoy un desafío creciente. No son microbios simples ni fáciles de erradicar: su biología compleja las sitúa en el cruce entre la microbiología, la ecología y la medicina, recordando que incluso las formas de vida más pequeñas pueden esconder amenazas profundas.

 

[Fuente: La Razón]

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