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Ciencia

Un estudio revela que Groenlandia oculta un problema bajo su hielo que explica su mayor debilidad frente al calentamiento global. El mayor problema es la dificultad de la ciencia para resolverlo

Un nuevo estudio científico revela que la debilidad más peligrosa de Groenlandia no está en la superficie, sino bajo kilómetros de hielo. Allí, capas de sedimentos blandos de hasta 200 metros permiten que los glaciares se deslicen más rápido hacia el océano, acelerando la subida del nivel del mar
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Durante años, el deshielo de Groenlandia se explicó casi exclusivamente mirando hacia arriba: temperaturas en aumento, olas de calor árticas y veranos cada vez más largos. Pero un nuevo trabajo científico obliga a cambiar la perspectiva y mirar hacia abajo, muy por debajo del hielo. Porque allí, oculto bajo una aparente solidez eterna, se encuentra uno de los puntos más frágiles de toda la isla.

Investigadores han descubierto que gran parte del casquete glaciar de Groenlandia no descansa sobre roca firme, sino sobre capas profundas de sedimentos blandos y húmedos. Y ese detalle, invisible desde el espacio, puede marcar la diferencia entre un hielo relativamente estable y uno que se desliza cada vez más rápido hacia el océano.

Una alfombra blanda bajo kilómetros de hielo

Groenlandia
© Annie Spratt – Unsplash

El hallazgo clave del estudio es la existencia de capas de sedimentos que pueden alcanzar hasta 200 metros de espesor bajo amplias regiones de Groenlandia. A diferencia de la roca sólida, estos materiales se deforman con facilidad cuando están saturados de agua.

El efecto es similar al de una alfombra mojada bajo un objeto pesado: la fricción disminuye y el movimiento se vuelve mucho más sencillo. En el caso de los glaciares, eso se traduce en una mayor velocidad de deslizamiento hacia el mar y, por lo tanto, en una descarga acelerada de hielo al océano.

Este mecanismo no actúa de forma uniforme. Las zonas donde estos sedimentos coinciden con glaciares que ya se mueven rápido son especialmente vulnerables, porque cualquier cambio térmico puede amplificar el proceso.

Cómo se puede ver lo que está enterrado bajo el hielo

Hielo De Groenlandia
© Visit Greenland – Unsplash

Para llegar a esta conclusión, los científicos de la Universidad de California en San Diego recurrieron a una técnica poco habitual en glaciología: el análisis de ondas sísmicas generadas por terremotos lejanos. Estas vibraciones atraviesan la Tierra y cambian su velocidad según el material que encuentran en su camino.

Al estudiar cómo esas ondas se comportaban al pasar por Groenlandia, el equipo pudo distinguir entre zonas de roca dura y áreas cubiertas por sedimentos blandos. En total, analizaron datos de 373 estaciones sísmicas repartidas por la isla, lo que permitió construir un mapa detallado de lo que ocurre bajo el hielo sin necesidad de perforar.

El resultado muestra una base mucho más compleja de lo que se asumía hasta ahora, con un mosaico de materiales que condiciona directamente el comportamiento de los glaciares.

El problema no termina en los sedimentos. A medida que el clima se calienta, el agua de deshielo superficial encuentra caminos naturales —como grietas y conductos verticales— para descender hasta la base del hielo. Allí actúa como un lubricante adicional.

El agua aumenta la presión en la base del glaciar, reduce aún más la fricción y vuelve los sedimentos todavía más inestables. El proceso es silencioso y ocurre lejos de la vista, pero sus efectos pueden sentirse a miles de kilómetros de distancia, en forma de costas que retroceden y mareas cada vez más altas.

Cada verano más cálido no solo derrite hielo en la superficie: también activa mecanismos ocultos que aceleran el movimiento del hielo desde abajo.

Un subsuelo más complejo de lo que decían los modelos

Groenlandia Hielo
© Dylan Shaw – Unsplash

Los investigadores también descubrieron que la base de Groenlandia no es térmicamente uniforme. Algunas zonas permanecen congeladas, lo que limita la deformación del sedimento. Otras están descongeladas, favoreciendo el deslizamiento.

Lo más preocupante es que aparecen regiones con sedimentos blandos en áreas que los modelos teóricos consideraban estables. Esa discrepancia sugiere que las predicciones actuales podrían estar subestimando la velocidad futura de pérdida de hielo.

En otras palabras, no basta con saber cuánto se calienta el aire: es igual de importante entender sobre qué se apoya el hielo.

Entre 1992 y 2018, Groenlandia contribuyó a elevar el nivel global del mar en alrededor de 1,1 centímetros. Puede parecer una cifra pequeña, pero para ciudades costeras, deltas y comunidades vulnerables, esa subida se traduce en más inundaciones, erosión y daños estructurales.

Si los modelos climáticos no incorporan correctamente la naturaleza del suelo bajo el hielo, podrían estar subestimando el ritmo al que Groenlandia puede responder al calentamiento futuro. Conocer dónde hay roca firme y dónde hay sedimentos deformables es clave para mejorar las proyecciones y preparar estrategias de adaptación más realistas.

Un sistema conectado con el resto del clima global

El impacto del deshielo acelerado no se limita al nivel del mar. Una mayor descarga de agua dulce en el Atlántico Norte puede alterar corrientes oceánicas, afectar ecosistemas marinos y modificar patrones climáticos que influyen incluso en Europa.

Groenlandia no es una masa aislada de hielo. Es una pieza central de un sistema climático interconectado, donde lo que ocurre bajo cientos de metros de hielo puede terminar influyendo en playas, ciudades y economías a miles de kilómetros.

Este estudio deja claro que el futuro del hielo no depende solo de lo que pasa en la superficie. A veces, el verdadero punto débil está enterrado muy por debajo.

[Fuente: EcoInventos]

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